Ni una pista sobre el caso del oleirense asesinado en el 2011 tras robar un banco
02 may 2012 . Actualizado a las 12:15 h.Manuel Sesar se levantó de cama el 11 de enero del 2011, se despidió de su compañera con un beso y le dijo que volvería para comer. No lo hizo. No podía hacerlo porque a esa hora estaba atracando un banco en Curtis. Tampoco regresó a la noche. Ni al día siguiente. No podía hacerlo porque estaba muerto. Alguien le había pegado un tiro en el pecho. Su cuerpo fue descubierto por unos cazadores en un monte de Valga (Pontevedra) un mes después, en avanzado estado de descomposición. Los forenses concluyeron que murió pocas horas después del robo. A su alrededor no había más que maleza y el casquillo de la bala que lo mató. Ni rastro de su cartera, su coche o su móvil. ¿Quién pudo haber sido? A día de hoy sigue sin haber pistas.
Entonces la Guardia Civil sospechó del hombre con el que Sesar había asaltado un mes antes el Banco Pastor de Curtis a punta de pistola llevándose 10.000 euros. Movieron mar y tierra, y dieron con él en el País Vasco. Asumió su participación en el robo, pero juró que no le había hecho daño a su amigo. Ahí se ahogó la investigación. No había ni una sola prueba que lo incriminara. Solo el sentido común y muchos indicios. Pero con eso no se puede ir a un juez. Hay que presentarle más pruebas y estas nunca se encontraron. Nada se sabe de la pistola. La Guardia Civil dice que el caso no está cerrado, que ningún homicidio se olvida pese al paso del tiempo, pero a la vez reconoce que a estas alturas es complicado dar con el culpable.
Tenía 68 años cuando lo mataron. No era una edad para correr delante de la policía, pero este vecino de Oleiros estaba entrenado. En los noventa se había hecho pasar por propietario de un monte para vender toda su madera. Lo cogieron y fue condenado por ello. Se le achacan otras pillerías; si bien nunca empleó la fuerza ni causó daño alguno más allá del bolsillo.
Pero de pronto, el 12 de enero del 2011, según fuentes policiales, subió un peldaño en la escalera de la delincuencia y se presentó en Curtis junto a un amigo. Su compinche bajó del coche, se metió en el Banco Pastor con el rostro oculto por un pasamontañas y le mostró al cajero una pistola. También enseñó las balas para demostrar que no iba de farol. El empleado le entregó alrededor de 10.000 euros. No esperó mayor botín porque apareció un cliente en la sucursal y el delincuente echó a correr. Fuera le esperaba, según todos los indicios, Manuel Sesar al volante de un coche. Fue la última vez que se supo algo de él.
El hallazgo del cadáver
El 6 de febrero, cuando la familia esperaba noticias, un grupo de cazadores que participaban en una batida en un monte de Parafita, en Valga, se topó con el cuerpo descompuesto de un hombre en mitad de los matorrales. Se pensó en una muerte natural, pues el estado que presentaba el cadáver no dejaba apreciar el orificio de bala en el pecho. Luego hallaron el casquillo. Y hasta hoy. Cuando la Guardia Civil localizó al compinche pensó que el crimen estaba resuelto. Pero había que presentar pruebas y lo único que presentó el socio de Sesar fueron sus condolencias.