Sábado de dimisión en Monte Pío

M. Cheda SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

Leandro

Conde Roa lanzó a Ángel Currás como sucesor al ofrecer a Feijoo su salida

17 abr 2012 . Actualizado a las 11:03 h.
Saturday night, dimisión en Monte Pío. El presidente del PP gallego, Alberto Núñez Feijoo, y el alcalde saliente de Santiago, Gerardo Conde Roa, cerraron la retirada de este último el sábado por la tarde noche en la residencia oficial del jefe del Ejecutivo autónomo. Formalmente, la cita la había solicitado el segundo un día antes, pero fue el primero quien puso sitio y hora. A la partida llegaron ambos con cartas marcadas, si bien salieron como amigos, sin trampas que reprocharse. Ni vencedores ni vencidos; de cara a la galería, pactaron tablas. El aún regidor aprovechó el encuentro para meter en el horno la operación Currás, que, tras el fuego lento de rigor, saldría de cocina ya el domingo, a la jornada siguiente. Ayer, después de trascender de la misa la media, el mandatario de la Xunta partió hacia México en viaje institucional. Descabello en Compostela, y a otra plaza a torear. Con el aliento de la opinión pública cada vez más en la nuca, como para las elecciones autonómicas queda más bien poco que mucho y dado que ya habían departido del tema telefónicamente en varias ocasiones con anterioridad, cuando quedaron, ambos contertulios ya intuían lo que iban decirse el uno al otro. Así que Conde Roa aguardó a que Feijoo aterrizase de Madrid, donde por la mañana había asistido a una cumbre de líderes del partido, y acudió a su casa a contarle lo que aquel quería escuchar: «Dimito».

Como Camps con Rajoy

Sin descabalgar jamás de los lomos de su «inocencia», el alcalde vendió allí su cese como un sacrificio personal, la única salida posible al callejón en que se habían metido él, sus negocios y, por ende, los populares de Galicia en el ocaso de una legislatura harto complicada. De igual modo que había procedido Camps con Rajoy en julio del 2011, ofreció a Feijoo su cabeza en una bandeja de plata sobre la cual, no obstante, quiso posar una última copa. Pidió al jefe de la barra que al frente del Pazo de Raxoi, preferentemente, lo relevase su escudero Ángel Currás, nadie más. Feijoo tomó nota, de acuerdo con su entorno, sin mayor compromiso. No obstante, varios de los que a la tarde siguiente asistieron a la reunión en la que Conde Roa comunicó a sus concejales que había decidido irse a casa salieron de aquel foro con la impresión de que, previo a su inicio, la suerte ya estaba echada; que Currás, sí o sí, debía heredar el bastón de mando. Con todo, el regidor dimisionario, en una rueda de prensa, quiso insistir ayer en la transparencia y limpieza de todo el proceso sucesorio. Sus colegas de corporación, sostuvo con vehemencia, eligieron al nuevo alcalde «libre y voluntariamente», sin haber él interferido en el asunto.