Hogar, dulce hospital

Nacho Mirás Fole

GALICIA

En ciertas patologías, la casa de uno puede ser el mejor hospital. Un equipo sanitario multidisciplinar y humanista se encarga de que eso sea posible

26 mar 2012 . Actualizado a las 11:19 h.

«La gente prefiere estar en casa, y más en el rural», cuenta el doctor Alberto Villar del Castillo Alonso, que lleva desde 1991 trabajando en la unidad de hospitalización domiciliaria del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago. En Compostela son tres las unidades de hospitalización que están en la calle, cada una con un radio de actuación de unos veinticinco kilómetros.

En veintiún años, las cosas han cambiado. «Cuando empecé -dice el médico- cubría 43 concellos e iba con unos prismáticos en el coche; para localizar la casa del enfermo, paraba y buscaba a lo lejos sábanas y pijamas del Sergas colgados de los tendederos; era la única manera de orientarse y llegar».

La de hoy es una jornada tipo. El equipo sale a las diez del Hospital Gil Casares para hacer la ruta del Pico Sacro. En el coche, Villar del Castillo, la enfermera Pepa Leis y el periodista mirón. El grueso de los pacientes de la unidad lo conforman enfermedades oncológicas, hepatopatías, demencias y enfermos pluripatológicos. Las historias viajan en el asiento de atrás.

Pepa, que es de Louro, ha llenado el maletero de medicinas que irá repartiendo en cada casa. Lleva puesta, además, una herramienta que también sana y que al Sergas no le cuesta un duro: su sonrisa. Primera parada, Ponte Ulla. Roberto padece un déficit de una enzima en el pulmón que le infecta los bronquios. Requiere tratamiento antibiótico intravenoso y está pendiente de una intervención. Hoy tiene buena cara. Pepa le revisa la vía, le cambia el tratamiento y le deja medicación para varios días. Alberto le dice lo bien que lo ve y, a menudo, una simple palabra catapulta el ánimo del paciente desde el suelo hasta la estratosfera.

El segundo en la ruta está hospitalizado en su propia casa de San Pedro de Vilanova (Vedra). Es un paciente oncológico. Lleva mejor el dolor que días atrás, «pero aínda o noto ao erguerme», le explica al médico. También sufre un estreñimiento pertinaz causado por los opioides. Pepa le revisa la medicación subcutánea y el paciente cuenta que, aunque el hospital le da seguridad, en su casa se siente mejor. «¿E a comida? ¡A comida non ten nada que ver!». Por el tipo de enfermos a su cargo, Pepa y Alberto reciben malas noticias a menudo. Pero uno nunca llega a acostumbrarse a que desaparezcan aquellos a los que ha estado cuidando. Por eso disfrutan el doble de las buenas noticias, como el alta que le dan esta misma mañana a una mujer de 89 años, también en Vedra. «Ahora, a levantarse da cama», le receta el doctor. «Terei que comer primeiro ¿ou?», le contesta. En San Xiao de Sales aguarda un hombre de 75 años con una dolencia hepática grave que también luce mejor cara. Y, en Os Tilos, una mujer que se recupera de las complicaciones de una diverticulitis. La mañana se pasa volando en esta unidad ambulante que, como el panadero o el cartero, siempre es bien recibida. Tanto que los perros, cuando los oyen llegar, en lugar de ladrar mueven el rabo.