La perversa austeridad

GALICIA

05 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Seamos austeros. Pero, ¿qué es la austeridad? Se entiende que escapar del despilfarro como de la peste y, muy especialmente, gastar bien el dinero que nos gastan. Porque es el nuestro. Nuestro dinero. ¿Se está cumpliendo esta premisa a rajatabla? La mayoría de los encuestados en el Barómetro de Sondaxe creen que hay margen de recorte en las Administraciones. Ejemplos sobran. Hace un mes, la Xunta inyectó 500.000 euros al cadáver de Manzaneda (¿es esto austeridad?). Este año, también por mandato de la Xunta, se desviarán mil millones a chiringuitos (¿y esto?). Hay más: las diputaciones, unas Administraciones cuya existencia ni saben justificar quienes las presiden, consumen 600 millones de euros al año, el 25 % en el pago de nóminas. Por no bajar a la gestión de los concellos, donde algunos alcaldes incluso presumen de usar coche oficial para actividades particulares... La cosa, queda claro, no es recortar sin más, sino el qué recortar y el cómo recortar. Lo saben de memoria los funcionarios de la Xunta, cabezas de turco, y no los únicos, desde luego, de esta fiebre amarilla incubada por los malos gestores y los malos banqueros. De qué vale, por ejemplo, retirar cuatro coches oficiales de la circulación si enterraremos solo este año 23,5 millones en el monte Gaiás, símbolo catódico del gasto improductivo. De qué sirve ahorrar en fármacos si al mismo tiempo las camas con enfermos se agolpan en los pasillos de los hospitales... No se puede usar una podadora para algo que requiere cirugía láser. En esta escalada de recortes se ha dicho incluso, y lo pudimos leer en La Voz del pasado 26 de febrero, que en sanidad no se puede seguir con el «todo gratis». No lo dijo cualquiera. Lo dijo la conselleira de Sanidade. He aquí un escalón más de la perversa austeridad. El «todo gratis» que en realidad todos pagamos. Deberían cortarse a la hora de buscar coartadas. Para separar las malas hierbas de los árboles en un bosque moribundo lo fácil es talar los propios árboles. Pero hacerlo así sería el fin del bosque. El fin, en fin, de todo.