En el concello de Cerceda, el empleo anula cualquier crítica a Sogama
10 ene 2012 . Actualizado a las 20:13 h.Antonio Martínez, jubilado de 72 años, bien podría simbolizar la historia entre Cerceda y Sogama. Hoy en día no tiene ningún problema en admitir que él fue de los primeros en protestar contra la instalación de la planta. También formó parte del grupo de escogidos que por aquel entonces el Concello llevó durante unos días a visitar otras plantas similares situadas en Holanda, Dinamarca y Suiza. Y Antonio acabó trabajando en Sogama y jubilándose allí. Así que su opinión sobre la experiencia con Sogama está más que clara: «Foi unha riqueza para Cerceda. Antonio habla del empleo que ha generado, de las buenas condiciones de ese trabajo en relación con otros, del dinero que ha dejado en el pueblo...
-Pero no todo habrán sido ventajas. Habrá también consecuencias negativas...
-Seguramente, pero apenas se notan.
Y así debe ser, porque no resulta sencillo escuchar quejas en la poca bulliciosa villa de Cerceda más allá del olor que, especialmente en los días de niebla, recuerda a los ciudadanos que la mayor parte de la basura que se genera en Galicia es tratada, quemada o simplemente amontonada, en los límites de su ayuntamiento. «Aquí le llamamos olor a Sogama», explica una joven madre que sale de comprar el pan. Se llama Julia y tiene un hijo pequeño: «Es verdad que la planta ha dejado mucho empleo y más o menos en buenas condiciones para como está ahora el mercado. Pero no creo que haya pasado el tiempo suficiente como para evaluar las consecuencias de todo esto en el medio ambiente». Julia valora que en su concello haya instalaciones mucho mejores que en otros de su entidad: piscina, campos de fútbol, oferta cultural... Sin embargo, duda ante la pregunta a la que son sometidos todos los entrevistados sobre este tema:
-Si su hermano viviera en O Irixo y le pidiera consejo ante la incineradora que se proyecta instalar allí, ¿qué le diría?
-La verdad es que no lo sé.
La indefinición de Julia es extraordinaria. La mayor parte de los vecinos que dan su opinión recomendarían vivamente la Sogama dos a su hipotético familiar ourensano. Algunos incluso se vienen arriba y lamentan que no se optara por la ampliación de la planta actual. El empleo es el bien sacrosanto que primero se expresa y ante el que no hay mal olor que resista.
Una empleada de banco que fuma un cigarrillo a la puerta de la entidad asegura que en el concello limítrofe en el que reside se aprecia perfectamente el olor del vertedero de Areosa. Señala las bandadas de gaviotas que a gran altura buscan allí su alimento y hace un chiste sobre la riqueza que ha traído la instalación y las monedas «cotroñentas», que cambia de vez en cuando en la oficina, producto de la separación de residuos. Ella dice que no, pero Jesús, de 29 años, empleado de Sogama, que estudió y trabajó fuera y que ahora puede trabajar cerca de su casa con unas condiciones dignas, dice que sí. Está sacando dinero del mismo banco donde se cambian esos céntimos de la basura. Explica sus razones y se va con la cartera llena en un coche mejor que el mío.