«Nos amenazó a todos con el cuchillo para poder huir»

La Voz

GALICIA

Alén acababa de dejar a su hijo en el colegio. Y se dirigía a su puesto de trabajo, en Carral.

Cuando llegó a la altura de la gestoría García Díaz Asesores, un grupo de personas en medio de la carretera le hicieron señas y decidió parar el coche: «Me dijeron que un hombre acababa de apuñalar a una mujer en la gestoría. Y que les ayudase a retenerlo mientras no llegaba la policía».

Alén aparcó su coche y ya vio en la parte de atrás a Lino Botana. Acababa de salir de la asesoría donde había asestado dos puñaladas mortales a su exnovia, Matilde Vázquez Ramallal. Aún empuñaba el cuchillo «y tenía todo el brazo lleno de sangre», señaló Alén.

Agitaba fuertemente el arma para apartar a los vecinos: «Nos amenazó con el cuchillo, decía que no nos acercásemos, y no estaba borracho, se aguantaba perfectamente bien de pie», subrayó Alén. Lino Botana se fue hacia el coche de su víctima, ya que le había cogido las llaves después de matarla.

«Los vecinos se le acercaban», incluso le daban patadas a las puertas del coche para que no las abriese», contó Alén, pero logró subir al vehículo. «Intenté cerrarle el paso con mi coche, pero empezó a dar marcha atrás con fuerza, sin importarle si atropellaba a alguien». Uno de los vecinos golpeó el parabrisas del coche de Lino con una barra de hierro, «pero nada lo paró». Alén le perseguía, «y le iba indicando a la policía y a la Guardia Civil por dónde íbamos». El asesino llegó a poner el cuentakilómetros a 150 por hora: «Lo seguía. Frenaba en seco para que me empotrase contra él», señaló Alén. Y así durante treinta minutos, hasta que Lino eligió las pistas de Sarandós para despistar a su perseguidor. Después, aparcó el coche junto a su casa y la incendió.