Tres parejas de la parroquia de Oseiro, casadas desde hace más de 44 años, tienen los mismos nombres y viven en un radio de 200 metros
06 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Teresa Naya Ribeiro y Manolo Souto Vázquez empezaron a mocear en la sala de fiestas Figueroa, en la parroquia de Oseiro, en Arteixo. Teresa Suárez Búa y Manolo Rodríguez Pan, también. Y unos años más tarde, también bailaron «o agarrado» en esa sala Teresa Souto Martínez y Manolo Souto Souto. Del Figueroa ahora queda un inmueble viejo. Le falta el techo y el único color que conserva en sus paredes grises y decoloradas por la lluvia es el de una estrecha cenefa azul.
Pero aquel gran salón, «cuns balcóns no primeiro piso dende os que as señoras maiores vixiaban aos mozos que collían ás mozas pola cintura», como cuentan, permanece intacto en la mente de estos estos seis habitantes de Oseiro. Los dos primeros llevan 55 años casados; los segundos, 56. Los terceros un poco menos, 44 años. Todos, menos Manuel Rodríguez, vinieron al mundo en Oseiro. Se conocen desde niños. Y tras bailar domingos y domingos pegados, y vigilados, pasaron por la vicaría. «Algo lle debía gustar porque moita lama pisou para vir acompañarme á casa», cuenta una de las Teresas. Porque en aquella época se veían los domingos. No había teléfono. Y cuando ya la cosa iba para adelante también hablaban los jueves.
Las dos primeras parejas se casaron en la iglesia de Pastoriza porque en el templo románico de San Tirso, el que les quedaba más cerca, no había aún cura. Vino más tarde y ya pudo casar a la tercera.
Ahora todos viven en Oseiro, en un radio de unos 200 metros. Son miembros de la asociación de vecinos Manuel Murguía (de hecho, Teresa Naya nació en la misma casa que el escritor) y no se pierden ninguno de los viajes que organiza la asociación a Padrón, a Portugal...
No hace mucho a Manolo Souto Vázquez se le ocurrió que tenían que juntarse, que era mucha casualidad que en el pueblo hubiera tres parejas con el mismo nombre. Igual era la clave para llevar tanto tiempo juntas. Pero cada uno da una receta. «Estas xa estaban para nós», asegura uno de los Manolos. Y otra de las Teresas dice «Cando me leva a contraria. antes de terquear marcho». Todo lo cuentan en el bar del pueblo. En la Moncloa, como lo bautizaron. Ya llovió desde entonces.