En España existen cinco personas que se llaman José Palmero Martín. «Y me fue a tocar a mí», dice el coruñés, que recuerda que nada más salir del banco acudió a la comisaría para ver si era verdad todos los delitos que le imputaban. «Te juro que al principio pensé que estaba siendo víctima de una broma, de una cámara oculta en la que los del banco y los de la Diputación de Vizcaya eran los ganchos», puntualiza. Al llegar frente al agente le explicó que le habían embargado las cuentas y que lo acusaban de mil delitos. El policía puso sus datos en el ordenador y le dijo que eso era imposible, que no tenía ni un antecedente. ¿Por qué para la Policía Nacional es un santo y en la base de datos de la Ertzaintza todo un bandolero? Porque no comparten información.
Ese día, hace siete meses, se fue para casa hundido, pero con la esperanza de que se solucionaría en cuestión de horas, a lo sumo de días. Pero nada. «Hoy soy víctima de la burocracia», lamenta Palmero, que ha tenido que contratar a un abogado para demostrar su inocencia. Pero todo sigue igual. Nada avanza a pesar de que la denuncia está puesta desde abril, si bien ayer mismo le notificaron del banco que la Diputación de Vizcaya le levantó un embargo de 1.700 euros; pero no hay duda de que le irán llegando muchos más.
Nadie lo quiere contratar
Por si fueran poco esos problemas, se suma uno más gordo: José Palmero, el bueno, no puede trabajar. No puede tener un contrato porque le embargarían la nómina. De hecho, este pintor se ha quedado sin poder desarrollar la labor de camarero los fines de semana, pues cuando dice en los restaurante u hoteles que le paguen con cheque y no con un ingreso bancario, ya que tiene embargos encima, nadie lo quiere contratar. «Entiendo que no me den trabajo. Es normal que sospechen. Dirán que soy un delincuente», dice resignado. ¿Por qué no viaja a Bilbao a esclarecerlo todo? «Ni de broma. Seguro que me detienen y me meten preso».