Rajoy y el AVE californiano

José Ángel Roca

GALICIA

España no es el único país del mundo que afronta la crisis. Tampoco el único lugar donde los proyectos de alta velocidad sufren el acoso de quienes consideran que por la situación económica actual sería mejor paralizarlos. Estados Unidos pasa por una situación muy similar.

En un país entregado al asfalto y el petróleo, donde el ferrocarril ha quedado obsoleto y no se cuenta con un solo kilometro de alta velocidad, se comenzó a planificar líneas basándose en el éxito cosechado en otros lugares del mundo, entre ellos España. Ahora, al igual que con el AVE gallego, la CaHSRA (California High-Speed Rail Authority), entidad encargada de gestionar la nueva línea entre Los Ángeles y San Francisco (más de 1.200 kilómetros), se ha topado de frente con la crisis. Llegado el momento en el que los proyectos tomasen forma y comenzasen las obras, vuelven a alzar la voz quienes consideran que el país puede seguir creciendo a base de ampliar carriles en las megaautopistas estadounidenses o colapsando, todavía más, el espacio aéreo. ¿No les suena?

Las dificultades para encontrar financiación para las obras no han tardado en aparecer y, al igual que en Francia o en el propio AVE gallego, se tira del cash de inversionistas privados y los contratos de colaboración público-privada. Para ciudades como Sacramento o Fresno -que llevadas al caso español bien podrían ser A Coruña o Vigo- por las que se había previsto que pasase la línea, paralizar el proyecto supondría un duro revés en cuanto al número de puestos de trabajo previstos o la estrategia de transporte elegida para satisfacer el crecimiento de los próximos años.

Diarios como The Fresno Bee exigen una «estrategia política más agresiva» para defender el proyecto. Hablan incluso de que el «mayor riesgo para el Estado es paralizar la línea». El gobernador de California, Jerry Brown, ya ha dicho que le gustaría formar parte del equipo que consiga que América piense «en grande» otra vez, refiriéndose a la alta velocidad californiana. ¿Escucharemos a Mariano Rajoy defender nuestro AVE del mismo modo?