La historia se repite con otros dos jueces de instrucción, pero en este caso solo hasta cierto punto. Dos de los siete jueces de instrucción que atienden los juzgados arousanos recogerán sus bártulos en los próximos meses y se irán con la música a otra parte.
El problema no es nuevo. Los juzgados que no están radicados en las ciudades o capitales de provincia, por tradición, son los primeros destinos de los jueces noveles, recién salidos de la escuela. La mayoría suelen aprovechar el primer concurso de traslados para poner tierra por medio. Este ha sido uno de los grandes lastres de la obsoleta y anquilosada Administración de justicia en este país.
El problema se ha agravado en partidos judiciales como los de Cambados y Vilagarcía, donde la dinámica social y también la delictiva poco o nada tienen que ver con la de otras comarcas de Galicia con una extensión geográfica y población similares. Los juzgados arousanos han padecido en las últimas décadas el desfile de jueces paracaidistas. Tenían una movilidad tal que cuando empezaban a tomar tierra ya les llegaba la hora del despegue.
Hubo excepciones, como el caso del juez Taín, que creó escuela, pero todo se reduce a una cuestión de voluntarismo. Habrá que esperar a que se apruebe una nueva Ley de Planta y Demarcación Judicial para acabar con los actuales partidos judiciales anacrónicos y para que la Administración de justicia se acerque a la realidad social del país.