En Galicia el 15% de las recetas que se prescriben en la sanidad pública son de fármacos genéricos. En el 2007 eran el 8,75%, y en el 2004, el 5,41%. Galicia, además, ha estado siempre a la cola de España en prescripción de estos medicamentos.
Pero de las 12.000 presentaciones aprobadas por el SNS en el 2009, más del 40%, casi 5.000, correspondían a genéricos. Es decir, no puede aducirse como excusa que no hay genéricos, porque existen y están en el mercado en la mayoría de principios activos. ¿Por qué no se recetan entonces?
Garantías
Una respuesta puede ser que no tienen las mismas garantías o indicaciones. Todos los profesionales desmienten, al menos públicamente, esta afirmación. Aseguran que son bioequivalentes y pasan los mismos procesos de garantía, seguridad y transparencia.
Cierto es que en reuniones de mesa camilla siempre se ha oído decir «pues a mí me va mejor el de marca», pero si los estudios científicos desmienten las afirmaciones de tertulia, cabe descartar estas últimas.
Otra respuesta es el eterno runrún de la influencia de los laboratorios en la toma de decisión de los médicos. Hace poco más de un año un farmacólogo clínico del complejo hospitalario de Santiago aseguraba que este mito es «absolutamente cierto».
En concreto, decía en relación a los laboratorios que «invaden hospitales, atención primaria, la investigación, la formación posgraduada y lo que es más grave, la elaboración del cuerpo de conocimiento médico».
Petición del paciente
Una tercera respuesta puede ser que el paciente pida un medicamento de marca. Es un argumento débil.
Cualquier profesional que se precie recetará el tratamiento más eficiente, y por lo tanto que produzca el mejor resultado al menor coste, a no ser que el enfermo esgrima argumentos contundentes.
Finalmente puede deberse a la costumbre, ya que la marca es la primera en sacar el fármaco y pasan años hasta el genérico, pero también se trata de una razón de poco peso.
La solución pasa, pues, únicamente por prescribir más genéricos cuando sea posible.
Pero el médico que seguro que ya ha asumido ese compromiso para mantener la sostenibilidad del sistema no puede convertirse en el único responsable.