La 40 horas negras de Jacobo Piñeiro

E.?V. Pita VIGO/LA VOZ.

GALICIA

El frigorista condenado por el doble asesinato de los gais entró en el «after hours» Strong a las 8 de la mañana del 12 de julio del 2006 y fue detenido en Marín la noche del día 13

26 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Fueron 40 horas de drogas, alcohol y sangre en uno de los veranos más calurosos de los últimos años. Una semana antes del crimen de los gais, otro joven había apuñalado por celos al novio de una amiga en Teis y prendido fuego a su cadáver. La ciudad aún no se había recuperado cuando se produjo un crimen espejo con un apuñalamiento e incendio.

El veredicto del jurado deja claro que ni la cocaína ni las bebidas hacían efecto en el cangués Jacobo Piñeiro, Kiyo, cuando asesinó de 57 puñaladas a Isaac Pérez, Al-Dani , y a la pareja de este, Julio Anderson Luciano, Julius, un brasileño sin papeles, dos camareros que convivían en un piso de la calle Oporto y planeaban casarse para legalizar la estancia de Julio. El destino se torció cuando Jacobo y un amigo salieron de marcha por Cangas y tomaron el primer barco para cruzar la ría y seguir en Vigo. Jacobo acababa de volver de Andorra, donde trabajó de frigorista. Padre de un hijo, su pareja había pedido orden de alejamiento por unos supuestos malos tratos.

Acudieron al pub Strong, un after hours de ambiente en Vigo que Jacobo frecuentó en otras dos ocasiones. Entraron a las 8.00 horas del 12 de julio del 2006. Allí, según dice, bebió siete cubatas e ingirió cocaína. Hizo buenas migas con Isaac, un camarero al que le tocó hacer el doble turno. A lo largo de la mañana, Jacobo telefoneó a un chico con el que tenía relaciones esporádicas pero le rechazó. Quizás le salvó la vida. El testigo tuvo la impresión de que su interlocutor estaba «salido» y con ganas de marcha.

Quince horas de juerga

A las 16.41 horas, las cámaras de seguridad registran cómo Isaac y Jacobo abandonan el local. Un amigo de Isaac asegura que pasadas las 18.30 horas, este le confesó que estaba en la habitación con un chico. Y varios conocidos que pasaron por la casa o quedaron para cenar la comida que preparó Julio vieron cómo Isaac y Jacobo salían de la habitación para entrar en el baño juntos. Otros hablan de ruidos en el cuarto.

La cena terminó sobre las 00.30 horas. Isaac y Jacobo solo pasaron a saludar. Dicen que se comportaba como un «sobrado» y que Julio les confesó que el «chulo» de Isaac le daba mala espina. Marcio, un testigo ahora ilocalizable, declaró que vio al marchar cómo quedaban hablando Julio, Isaac y Jacobo, que había perdido el vapor a Cangas, por lo que sus anfitriones le invitaron a dormir. Fue la última vez que se vio vivas a las víctimas.

En su alegato final, el acusado aportó una pista sobre lo que pasó después. «Julio dijo que iba a comprar un gramo de coca, sería a las doce o la una», afirmó. Los restos de metabolitos hallados en el humor vítreo de Isaac confirman que este ingirió droga entre las 0.30 y 1.30 horas. Jacobo quiso enredar al jurado: «¿Para qué se iba a meter cocaína si se iba a ir a dormir?». Él dice que también consumió a la misma hora.

No se sabe qué pasó entre la una y las cuatro de la madrugada. La primera versión de Jacobo, que negó cualquier relación con Isaac, dice que a la una se fue a dormir a la otra habitación del piso porque le incomodó ver juntos a su nuevo amigo y a Julio, su pareja. Jacobo cuenta que Julio le quiso obligar a punta de cuchillo a hacer un trío sexual a las 1.30 horas. Pero es imposible que la pelea empezase a esa hora porque, como dijo un policía, «ninguna pelea podía durar tres horas». Jacobo cuenta otra versión en la que sale de la habitación de Isaac a las tres y se va al salón, donde, según él, lo aborda Julio. «Lo que pasó, pasó. Julio vino una vez para que me fuera con ellos y luego volvió con un cuchillo. Le planté cara, agarré el cuchillo, no sé si se lo quité, lo agarré por la cabeza y hubo pelea», añadió. A un amigo le confesó con el movimiento del brazo cómo apuñaló a la primera víctima en el abdomen. Eso doblegó a la víctima y le clavó el cuchillo en el hombro, que le seccionó un nervio y le dejó un brazo inutilizado. Los vecinos sitúan la trifulca a las cuatro, cuando se oyen ruidos de muebles y un portazo. Alguien oyó: «¡Para, para!» y «Ay, ay, ay» seguidos de golpes.