La cordelería de Boiro que hace un año ardió por completo en un incendio que sembró el caos en Barbanza comienza a levantar el vuelo tras el dantesco suceso
24 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Hace un año, a las 13.30 horas, comenzaba para Juan José Fajardo una pesadilla que aún hoy no ha terminado. Es el gerente y propietario de la empresa J.?J. Chicolino, que hace hoy exactamente 365 días fue pasto de las llamas en uno de los incendios industriales más pavorosos de los que se recuerdan en la comarca de Barbanza, e incluso en Galicia. Pero hoy, pese a que el protagonista involuntario de toda esta historia sigue viendo un futuro bastante oscuro a causa de los problemas de financiación con los que se topa para sacar adelante su negocio, J.?J. Chicolino ha demostrado que puede resurgir de sus cenizas cual ave fénix.
Muestra de ello es que la actividad de la factoría de Boiro está prácticamente normalizada y los trabajadores, que se vieron afectados por un ERE que duró unos meses, han recuperado sus puestos. El grupo empresarial tiene una plantilla de un centenar de personas, y lo cierto es que lo que no falta en los negocios del grupo es trabajo, ya que a la actividad habitual se suma la limpieza de la zona cero.
Un año después, se ha despejado buena parte de la explanada donde estaban las naves para poner las placas solares que antes ocupaban las cubiertas de las instalaciones, pero quedan aún por clasificar y retirar toneladas de redes, cuerdas y cadenas. El proceso no es ni sencillo ni rápido: «Espero ter todo isto en condicións dentro dun ano», comenta Fajardo mientras explica que algunas redes, con un tratamiento previo, podrán reciclarse. Las otras irán a un vertedero controlado.
Una vez en el lugar, impresiona el olor a quemado que aún impregna la zona y las montañas de plástico derretido que habrá que ir cortando a mano para poder despejar la enorme explanada en la que aún quedan muchas huellas del fuego.
Obsesión
Las tareas de limpieza conviven estos días con los trabajos de instalación de un sistema de hidrantes que, en caso de que se produzca un nuevo incendio, minimice las consecuencias. «Estamos obsesionados co lume», confiesa Fajardo. De hecho, que puede ocurrir cualquier imprevisto es una de las lecciones que ha sacado: «Este foi o ano máis duro da miña vida, e ségueo sendo. Se daquela tivera as instalacións e a mercancía mellor aseguradas non estaría nunha situación tan delicada, pero nunca me imaxinei que podería haber un incendio así na miña fábrica, pensei en temporais, roubos ou inundacións, pero nunca se me pasou pola cabeza que pasara algo así».
Pese a todo, asegura que «non lle teño medo ao futuro», y espera que el mes que viene se formalicen créditos que le permitan contar con liquidez. Mientras, reparte a sus trabajadores en diferentes instalaciones y naves alquiladas y almacena las redes nuevas en solares prestados por la familia Alonso (propietarios de Jealsa Rianxeira), por Muebles Guadalupe y Foelca.