Muchos peregrinos prefieren andar sin nadie al lado, y otros optan por lo contrario
16 jun 2010 . Actualizado a las 11:39 h.Es una duda frecuente a la hora de decidirse, dejar la rutina diaria y, por unos días, que serán muchos o pocos dependiendo del punto de arranque, partir hacia Compostela. Por delante quedan kilómetros y kilómetros y muchas horas. A algunos les asusta visiblemente todo ese mundo para uno solo, llevando por única compañía sus pensamientos y el silencio, los peores enemigos -piensan- si, por encima, se alían entre ellos dos. Otros, en cambio, prefieren atravesar sin nadie al lado llanuras y valles, escalar montañas, atravesar bosques y disfrutar del paisaje verde de la entrada en Galicia, guardando cada rincón del Camino en la memoria más profunda.
«Si vas hablando con alguien no tienes tiempo para reflexionar, para hablar contigo mismo, para reencontrarte, te pierdes muchos detalles», concluyen la mayoría de los que optan por esta segunda opción. Durante los últimos días han pasado por O Cebreiro centenares de peregrinos. De su observación, día a día, parece sacarse la conclusión de que son aquellos que ya tienen más vivido, pasados ya los cuarenta y los cincuenta, los que optan por echarse al Camino sin compañía. Lo hacen por detener durante un tiempo una vida que, a veces, va demasiado rápido y porque, incluso de ese modo, tampoco van solos. Andan, se encuentran con otros y se preguntan mutuamente el lugar de partida, la situación física y, de vez en cuando, se cuentan su historia. Comparten juntos varios kilómetros en algunos casos, llegan a comer juntos si las circunstancias lo favorecen, pero a la hora de seguir adelante, se separan de nuevo.
¿Qué es mejor?
Podrían exponerse múltiples casos, cada uno con su intrahistoria, pero sin conseguir llegar a un resultado blanco o negro. La espiritualidad y el respiro de ir sin nadie al lado prima para los que ya tienen un buen trecho de experiencias vividas, aunque, como en todo, hay excepciones. Por ejemplo, el alemán Holger Schwerin, de tan solo 22 años, eligió hacerlo sin compañía. Le permitió abrirse a los otros caminantes, mucho más que si llevara alguien desde casa.
El miedo a sufrir algún tipo de percance y no tener nadie al lado para prestar auxilio es un factor que la compleja red de servicios que hoy en día rodea al Camino de Santiago ya ha atenuado, pero sigue estando presente al enfrentarse uno solo consigo mismo. La italiana Catherina, de 53 años, o el francés Gérard Robineau, de 63, sin embargo, así lo han preferido. «No es más difícil hacer el Camino de esta manera. Al contrario, es más fácil. No estás solo, puedes reflexionar mientras andas, pero después en los albergues duermes con otra gente, puedes hablar», explica el hombre. Se evita así los motivos de discusión más frecuentes: los distintos ritmos, las preferencias de unos u otros (¿albergue u hostal?), las preocupaciones por el amigo que no consigue llegar, quién tiene las credenciales, a quién le toca abonar lo consumido... Pese a esto, echando mano de la red de redes, a día de hoy hay peregrinos que se enganchan al ordenador para buscar gente con la que compartir la experiencia. Escriben su ruta prevista, las fechas escogidas para el Camino, preguntan si hay alguien interesado en lo mismo y esperan la respuesta. También están las agencias, los clubes deportivos, las empresas o un grupo de amigos, que programan detalladamente el viaje en conjunto. Válido igualmente.
Solo, únicamente si se busca
Las instalaciones de descanso colectivo, en comunidad, son para casi todos el principal punto de encuentro. A lo largo de su peregrinación, por más que uno vaya sin compañía ya conocida, se acaba formando lo que algunos peregrinos acaban calificando como la «familia del Camino»: personas que se van reencontrando de etapa en etapa y que cuando llegan a Compostela, «es como si ya los conocieras de toda la vida». «Uno únicamente hace el Camino solo si así lo busca», apuntan.
El silencio es el aliado de muchos peregrinos. No necesitan contar su historia ni tener un motivo extravagante para ser tal cosa, pero todos se mueven por algo en particular: «Engancha». Para unos esta experiencia propicia una buena agenda de contactos y, otros, en cambio, prefieren ir cubriendo líneas de pensamientos individuales. De una forma u otra, todos ellos están haciendo su Camino.