En el breve paseo marítimo de Palmeira, asomado a una singular y hermosa perspectiva de la ría de Arousa, está para ver un poste de hormigón tirado en la acera. «Saíu o tipo do coche como si tal cousa dicindo ''Derrapoume, derrapoume''», evoca un vecino que asegura haber presenciado el accidente. «Se non é o poste, lévame por diante». Es un discurso sin queja. El hombre dice que Palmeira es un sitio tranquilo. ¿Lo es?
Cerca del poste tirado hay un parque infantil recién repuesto de los excesos a los que lo sometieron los niños y los vándalos. Al sol de la tarde, varias mamás charlotean junto a sus hijos: «A verdade é que eu entereime do conflito pola televisión», dice una. «Eu nunca os vin meterse con ninguén -tercia otra-, paréceme todo un pouco exaxerado». Están contentas, eso sí, de que les hayan renovado el parque.
La sensación de inseguridad, la presión mayor, está alrededor del puerto. Los chavales afirman que muchos de los incidentes, los más graves, han sido cosa de gente de fuera del pueblo. Gente que ya está detenida y a la espera de juicio. «Eu defendo aos rapaces -afirma un trabajador de 32 años-, pero cando eu andaba polo porto con vinte anos non houbera deixado que viñeran doutro sitio a facer estas salvaxadas».
Quemando rueda
Una tarde de viernes en el puerto da para atisbar de qué va el asunto. Coches llenos de gorras bajan hasta allí, asoman la miradas tras las ventanillas. Una arrancada salvaje, un trompito tal vez. No ocurre constantemente, pero con algo de paciencia se puede ver. Los chavales saludan a los amigos y abuchean a los que vienen a provocar.
Un poco más arriba, un vecino relata las gamberradas que tuvo que soportar, hasta que una mala tarde reprendió al chaval que le timbraba y lo insultaba, le puso la mano encima y el menor le contestó con un puñetazo que lo tumbó. Se cruzaron denuncias y el juez los convino a avenirse. Así lo hicieron. Pero ahora el hombre asegura que ha tenido que alquilar una plaza de garaje y que se siente incómodo cuando se cruza según con quien. Ya no vive como antes.
El conflicto ha traído más consecuencias de las previstas. Hay más patrullas de policía, pero ya se habla de cancelaciones en alquileres para este verano. Ojalá sean las más graves.