Alfonso Rueda ejerce en la sombra como el vicepresidente de Feijoo, y ocupó casi todo el espacio del presidente en el PPdeG
25 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Cuando Feijoo se construía como presidenciable en aquellos vídeos de www.feijoo.tv , en los que se servía un zumo de naranja en su casa mientras hablaba del recibo de la luz y el precio de la leche, se le coló una llamada de teléfono en la grabación. «¿Qué tal, Alfonso?», dijo al descolgar. Al otro lado estaba Alfonso Rueda, su más estrecho colaborador y la persona que actúa desde la sombra como el verdadero vicepresidente de la Xunta, aun sin serlo, erigiéndose así en el auténtico puntal del albertismo .
En el entorno de Feijoo admiten que «el jefe» no es persona muy dada a delegar, pues a veces prefiere echarse unas horas más a la espalda antes que ceder a otro sus funciones. Rueda es la excepción. El papel del conselleiro de Presidencia y secretario general del PP fue clave en la reorganización del partido para reconquistar la Xunta, como también lo es en la acción transversal del Ejecutivo.
Si la agenda de un Consello de la Xunta va floja, si una consellería se atasca o si en la fontanería del PPdeG hay algún incendio, ahí está Rueda para corregir las cosas, apretar las tuercas y actuar como un vicepresidente de facto , explica uno de sus más directos colaboradores.
Rueda, con mando pleno en el partido y autoridad en la Xunta, es el Méndez Romeu que nunca tuvo Touriño, pues el ex conselleiro de Presidencia tenía un papel marginal en el PSdeG y nunca fue capaz de tutelar la acción política del ala nacionalista del Ejecutivo. Su posición es también muy superior a la desempeñada por Dositeo Rodríguez o Pita con un Fraga omnipresente, y quizás el verdadero antecedente esté en la etapa de Fernández Albor, un presidente de perfil más diluido, en la que Barreiro Rivas desempeñó una labor muy similar a la de Rueda, ser el hombre fuerte del Gobierno que aunaba la vicepresidencia política y el liderazgo de la extinta AP en Pontevedra.
A diferencia de lo que ocurría en 1985, la mecánica de trabajo entre Feijoo y Rueda es más colegida, si bien el segundo ya ocupó prácticamente todo el espacio del primero en el PP, pues ahora es Rueda el encargado de dar la cara ante los medios tras las reuniones quincenales del comité de dirección -Feijoo apareció por última vez tras los comicios europeos-, fue quien canalizó como un bombardero la respuesta a la crisis abierta por la compra de la sede del PP, y por su mano, y la de su director xeral, Norberto Uzal, pasan los consensos logrados con la Fegamp.
Pero Rueda tiene también sus flancos débiles. Su carácter desabrido y pragmático lo muestran como el más duro del Gobierno, y desde la oposición están dispuestos a disparar. ¿Hacia dónde? Pues sin duda hacia sus relaciones con el entorno de Louzán en la Diputación de Pontevedra y a su controvertida reserva de plaza de funcionario en el Concello de Cambados.