El PSOE y el Bloque se dan la espalda

GALICIA

El autogobierno y el reparto del Consello de Contas causan los primeros desplantes entre los antiguos socios del bipartito

20 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Medio año después de la derrota del bipartito gallego, resulta llamativo ver cómo el PSdeG y el BNG apenas reivindican la fórmula de Gobierno que les abrió las puertas de la Xunta, pues ambas fuerzas parecen estar más concentradas en su adaptación al nuevo escenario político que en resaltar los aciertos y devaneos del tándem Touriño-Quintana. Si el bipartito sigue tan vivo aún es en gran medida un mérito del PP, que lo recuerda a cada instante para vituperarlo y defender la escasa gestión que de momento exhibe Feijoo.

Los socialistas y los nacionalistas han emprendido caminos diferentes, abriendo en sus relaciones una «nova etapa» -así definida por Aymerich-más marcada por la desconfianza mutua que por el entendimiento, lo que sin duda traslada un mensaje errático a las ciudades y concellos donde hay bipartitos que aspiran a ser revalidados en las municipales del 2011. El Vázquez del PSOE y el Vázquez del Bloque tampoco han mantenido a estas alturas el más mínimo contacto formal para ver si ellos, al igual que Touriño y Quintana, serían capaces de articular una alternativa creíble al PP.

«Descompresión» del bipartito

Las dos fuerzas de la oposición parlamentaria atraviesan por una fase de «descompresión del bipartito», en palabras de un diputado socialista, que está llevando a cada una a explorar los límites de su espacio electoral, aunque tanto el Bloque como el PSdeG evitan agredirse abiertamente porque a medio plazo está condenados a entenderse.

Y algunos ejemplos de esta divergencia ya empezaron a verse, como cuando el Bloque hizo bandera del autogobierno y se alió al PP para acudir al Constitucional a defender las competencias de Galicia en materia de cajas de ahorros. El PSdeG, comprometido con Madrid, se desmarcó de este pacto, pese a que sus compañeros de Andalucía o Aragón no tendrán más remedio que adoptar una postura similar a la del Gobierno de Feijoo.

Pero el golpe más simbólico a lo que representó el bigobierno llega con el desenlace que tendrá este martes la renovación parcial del Consello de Contas, pactada unilateralmente entre el PP y el PSOE a costa de expulsar de la institución al único representante del Bloque. A diferencia de lo que ocurrió con Xesús Palmou, elegido por unanimidad para una vacante del órgano fiscalizador hace apenas cuatro meses, el consenso va a ser ahora imposible, pues el BNG no se resigna a asistir mudo a lo que cree ser un «pacto espurio» que lleva al PP y al PSOE a repartirse el pastel.

Los nacionalistas quedan abocados a presentar a su propio candidato, Francisco Constenla, a sabiendas de que no reunirá la mayoría cualificada para ser elegido y de que el Consello de Contas perderá en este proceso la pluralidad política que mantuvo en el último decenio.