Feijoo gana poder en Génova pero también enemigos internos

GALICIA

Dirigentes del PP cuestionan su presencia constante en los medios de Madrid

14 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Cuando ganas, decides». Es así de simple. Alberto Núñez Feijoo reconocía ayer de esta manera que su influencia en el PP a nivel nacional es mucho mayor desde que preside la Xunta. Algo obvio. Lo que no reconocía, aunque es perfectamente consciente de ello, es que su poder en Génova crece al mismo ritmo que los recelos y la desconfianza de algunos dirigentes populares que temen verse desplazados del favor del líder.

La sintonía entre Rajoy y Feijoo no es nueva, pero se ha reforzado, incluso en lo personal, tras la campaña electoral gallega, en la que ambos lucharon mano a mano por cada voto hasta lograr la mayoría absoluta. Esa cercanía política y personal, que lleva al líder nacional a pedir consejo a Feijoo antes de tomar cualquier decisión, es la que más celos provoca. Y el más celoso en este momento es Francisco Camps. El presidente valenciano fue uno de los que más apoyó a Rajoy en el último congreso nacional. A cambio, Camps ha visto en los últimos meses cómo Rajoy lo ha defendido, incluso más allá de lo prudente, frente a las acusaciones de cohecho en el caso Gürtel. Esquivado de momento el banquillo, Camps teme que Rajoy lo abandone y se eche en brazos de Feijoo.

Rivalidad con Camps

El último movimiento de Camps para compensar el efecto Feijoo ha sido remitir al presidente popular un sondeo que pronostica un triunfo aún más arrollador del PP en Valencia si él sigue siendo el candidato. El malestar de Camps con Feijoo es obvio, entre otras cosas porque el líder gallego es el único en el PP que se ha permitido declarar que lo que se le escucha decir a Camps en algunas de las grabaciones del caso Gürtel «no es para estar contento».

Pero también es cierto que esa rivalidad es alimentada artificialmente desde ciertos sectores. Un importante periódico nacional titulaba hace poco que «Feijoo releva a Camps como preferido de Rajoy». Pese a lo breve, la frase contiene dos graves errores. El primero es que Camps nunca fue el preferido de Rajoy. Otra cosa es que la estrategia política lo llevara a ir de la mano del valenciano. El segundo error es suponer que Rajoy ha descubierto ahora a Feijoo, con el que no solo comparte origen gallego, sino también, y desde hace mucho tiempo, una particular forma de entender la política basada en aplicar el sentido común, huir de las refriegas internas y relativizar enormemente las ideologías. Es decir, que Feijoo es desde hace mucho el favorito y el relevo natural de Rajoy. La única novedad es que esa circunstancia es ya una posibilidad real.

Pero no solo Camps recela de Feijoo. A Javier Arenas, hombre fuerte del PP en la sombra, le preocupa también su creciente poder. Lo mismo que a otros barones con aspiraciones. En ese ambiente, comienzan las puñaladas internas. Los críticos censuran, por ejemplo, y lo filtran, que Feijoo se prodigue tanto en los medios de Madrid siendo un presidente autonómico. «No se ha dado cuenta de que ya no está en la oposición», afirman. Y cuestionan también a los interlocutores que elige. «¿Qué hace Feijoo en un debate de una televisión minoritaria como Intereconomía?», pregunta uno de ellos. Y una última pulla de otro que no es un fan: «Feijoo es un delfín mucho más cómodo para Zapatero y para los medios afines al PSOE de lo que puede ser Camps». A Feijoo se le terminaron hace tiempo los cien días de cortesía en la Xunta. Pero también se le ha terminado la vida tranquila en el partido.