Los graves problemas de señalización para acceder a la autovía a Vigo son múltiples, pero no excusan el accidente por circular en sentido contrario que se produjo el lunes
26 ago 2009 . Actualizado a las 20:22 h.Siete kilómetros luchando contra el tráfico, circulando en dirección contraria. El trayecto en el que terminó la vida del joven accidentado en O Porriño cuando viajaba irregularmente por la A-55 sigue sin explicación. Ni para un habitual de la zona ni para un novato es sencillo colarse en el acceso por los carriles contrarios, algo que han hecho ocho usuarios en los últimos once años, aunque la zona no está ni de lejos bien señalizada. La parte complicada del viaje no es en Vigo, aunque los despistes entre tomar la autopista y la autovía son habituales por la falta de indicadores que señalicen Portugal en el caso de la versión gratuita del trayecto. Hay que echarle un punto de orientación y ganas, contar con que O Porriño está cerca y uno podrá ahorrarse los dos euros de peaje.
Y esto no es nada. Salir en Tui e intentar volver a ingresar en la autovía para dirigirse de nuevo hacia el norte es una peripecia para los que no están habituados. El problema comienza en la rotonda en la que el joven de 21 años tomó la errónea decisión de subir por un carril que era de bajada. Pese a que la rotonda no invita a cometer la infracción, el panel está prácticamente tapado por la vegetación y la popular y transitada A-55 no aparece por ningún lado.
¿Cómo averiguar por dónde entrar en la autovía desde este punto? En una palabra: imposible. Se puede probar preguntando o, si se es habitual, se relacionará que la zona de A Gándara podría referirse al polígono del mismo nombre, situado en O Porriño, que queda de camino a Vigo. Claro que todo esto igual es mucho suponer si no se está al tanto de los bautizos de las áreas industriales del sur de la provincia de Pontevedra, bastante prolífica en cuanto a parques de este tipo.
Pero con optimismo se puede imaginar que un conductor afortunado ha sido capaz de leer entre ramas el nombre de A Gándara, ha atado cabos y ha tomado la tercera salida. Las posibles equivocaciones no acaban ahí. Y es que no volverá a ver una señal relacionada con la autovía hasta que ya esté dentro.
El único cartel con fondo azul que se adivina tras el parabrisas cita la antigua nacional 550 o la 120, pero de la A-55, ni palabra. Hay que olvidarse de hacerse preguntas filosóficas de por qué una autovía que lleva quince años en funcionamiento no está anunciada, no hay respuesta posible. Es más, uno puede considerarse afortunado si procede de la primera rotonda, es decir, de Guillarei, y cuenta con un cartel que le proporcione alguna idea de cómo llegar a la autovía. Si el punto de partida es el contrario, esto es, desde Cerquido, solo la imaginación salvará a uno de acabar dando vueltas por Tui en lugar de regresar a Vigo. La falta de señalización en este cruce descoloca. Pasar por delante tampoco ayuda, unos metros carretera adentro se adivina la palabra Portugal y N-550 por detrás del anuncio de un hotel. Si pese a todo se continúa luchando y se busca esta vieja carretera, antigua conexión antes de la puesta en marcha de la autovía, entonces se habrá llegado: bienvenido a la A-55.