Barra casi libre con menos de 14 años

J. C. Sandoval

GALICIA

Una menor prueba en dos horas lo fácil que es comprar bebidas alcohólicas en varios supermercados a pesar de que está prohibido hacerlo antes de los 16

05 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace unos días, la Xunta avanzó su intención de prohibir la compra de cualquier tipo de bebida alcohólica a los menores de 18 años que actualmente, desde los 16, pueden adquirir alcohol de baja graduación, vino y cerveza fundamentalmente, de forma legal. Por debajo de esa edad, supuestamente no es posible comprar alcohol. ¿O sí?

Para comprobarlo le pedimos a una menor que lo intentara en varios supermercados de A Coruña y Cambre. A decir verdad, no siempre lo consiguió, pero en un par de horas fue capaz de hacerse con un arsenal alcohólico capaz de tumbarla a ella y al resto de su clase.

Nuestra menor tiene 13 años, casi 14. Terminó 2.º de ESO el día anterior a la elaboración del reportaje. No está ni más ni menos desarrollada que las niñas de su edad y, aunque a ella no le gusta reconocerlo, es, a todas luces, una menor. Empezamos nuestro experimento a las once de la mañana en un céntrico supermercado que a esas horas funciona a medio gas. Nuestra colaboradora hace una compra con trampa: media docena de huevos, un kilo de harina, una barra de pan y un litro de vino en tetrabrik. ¿Colará? Sin problema. La cajera emite un saludo mecánico antes de pasar los productos por el lector, entre ellos el vinazo que salta alegremente a la bolsa. La menor paga la cuenta y sale del súper como Pedro por su casa.

A por más

Animados por el éxito nos dirigimos a otro establecimiento cercano de la misma franquicia. Ahora damos un poco más el cante: un pack de seis latas de cerveza y un par de coca-colas. Más de lo mismo. La cajera trabaja también con el piloto automático y solo se pronuncia para decir hola y leer la cuenta. La joven vuelve a salir tranquilamente, ahora con unos dos litros de cerveza. Parece que el asunto va a ser más sencillo de lo que pudiera parecer en un principio.

Cambiamos de franquicia, pero no de barrio. Dadas las circunstancias, subimos la apuesta y lo intentamos con una botella de licor de melocotón y unos aperitivos. Pero la cajera nos frena en seco.

-¿Tienes el carné?

Nuestra protagonista saca su DNI que certifica que nació en 1995 y que, por tanto, está inhabilitada para comprar cualquier bebida alcohólica.

-Pero no tienes 18 años.

La menor niega con la cabeza y siembra en la empleada un mayor desconcierto, de modo que finalmente opta por pulsar un timbre. Llega la encargada y aclara que si no tiene 18 años no puede comprar esa botella. Así que nuestra jovencita se va sin el licor. Al menos, aquí la norma sí ha funcionado.

Como no sabemos si el fracaso se debe al cambio de supermercado o al incremento del grado alcohólico, probamos ahora en un hipermercado dentro de un centro comercial. La menor se pone a la cola con una botella de vermú blanco, la inevitable barra de pan y otro par de artículos. Delante de ella, dos chavales de más edad, aunque tal vez no la suficiente para votar, salen con un carro que solo contiene una botella de vodka y otra de refresco de limón. La cajera no les ha dicho ni pío. Pero a nuestra chica, sí: «¿Tienes carné?». Ahora contesta que no lo lleva encima, pero el rostro de la empleada es imperturbable. «Sin carné no te puedo vender esto».

En vista de que tal vez nos hemos crecido, bajamos el listón y volvemos al truco de la harina y los huevos con el tetrabrik de vino camuflado por el medio. Probamos en otro súper del centro y la cajera le vuelve a parar los pies a la menor. Sin carné no hay vino.

Todo un arsenal

La lista de rechazos empieza a ser mayor que la de trágalas. Al parecer, no es tan sencillo y el alcohol que conseguimos podría no responder más que a la suerte del principiante. Pero no, nuestra reportera vuelve a comprar vino y cerveza de una tacada en otro establecimiento de una franquicia que aún no habíamos visitado mientras la cajera charlotea amistosamente con una clienta. ¿Qué más podríamos haber colado? Imposible saberlo, pero el descontrol queda confirmado cuando por fin la menor consigue salir airosa de un súper con una botella de vermú blanco, de 18 grados, que ya no está nada mal para su edad. La clienta y la cajera no llegaron a cruzar palabra. Comunicación a través de euros, y botella a la bolsa.

Resultado final: cuatro litros de cerveza, tres de vino y uno de vermú por menos de veinte euros en un ejercicio de apenas dos horas. ¿Está realmente prohibido vender alcohol a menores?