Con los niños más difíciles

GALICIA

Visita en seis niveles al único lugar de Galicia que educa a menores con trastornos mentales. Una mirada sin remilgos a un centro señalado por el Defensor del Pueblo

22 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En la misma semana en la que el Defensor del Pueblo presenta su duro informe sobre muchos centros de menores del país, visitamos Chavea, en Vilagarcía de Arousa, el único recinto en Galicia preparado para albergar chavales al límite. Son jóvenes, niños, con los que casi todo ha fracasado. Provienen en su mayor parte de familias desestructuradas y, a pesar de su corta edad, muchos llevan ya tatuadas en la piel infamias sin nombre. Son rebeldes, a veces agresivos y, en algún grado, padecen una enfermedad mental. El día que entran en Chavea acceden al nivel 1 y reciben un código de conducta. Si lo respetan, irán consiguiendo puntos y subiendo de nivel. Y viceversa.

NIVEL 0. Conducta muy desajustada

En la habitación de pensar.

Estoy en una habitación que mide un metro de ancho por dos de largo. Nada más. Está pintada de amarillo, como el resto de la casa. Hay un ventanuco con rejas, una lámpara protegida, una puerta con chapa metálica y una mirilla. «¿Sabes qué hace un chaval cuando tiene una crisis y entra aquí?». Lo pregunta el director del centro, que se ha metido conmigo en la celda. Antes de que se me ocurra algo que responder, lanza una fuerte patada contra la puerta, dos, tres y el sonido metálico, brutal, lo invade todo y se introduce en mi cabeza como un balazo. Quiero salir ya.

Es lo más duro de Chavea. En estas celdas entran los rapaces cuando son incontrolables. Se les reduce y se quedan dentro hasta que se calman. Como máximo, 15 minutos. Luego salen. Si la actitud persiste, vuelven a entrar. Otro cuarto de hora. El proceso se puede prolongar hasta tres veces. Si el menor no se calma, viene el 061 con la policía. Ese es el protocolo. Desde el año 2004 se ha utilizado 90 veces. Una vez cada 16 días.

NIVEL 1. Conducta irregular e inconstante

Las navajas y el saco de boxeo.

El informe del Defensor del Pueblo ha escocido en Chavea. Mucho. Abusos, torturas, pequeños Guantánamos. Hablamos en la oficina del centro con su director y la responsable de la asociación que lo gestiona. De los chavales, de dónde vienen, de qué les pasa y de cómo contener toda esa ira. El director saca de un cajón una caja de seguridad y la abre con llave. Luego sostiene en cada mano una navaja de 20 centímetros. «Se le cayeron a un chaval cuando le mandamos quitarse los calzoncillos», cuenta. Hasta el protocolo del registro está medido al milímetro. Los chavales se desnudan con una bata. Y si llevan algo dentro de la ropa interior, se cae. Como las navajas.

Una vez limpios, empieza la vida en Chavea. Diez menores y tres o cuatro asistentes. Y un saco de boxeo. Junto a la celda de reflexión. «Es mejor que descarguen la agresividad sobre el saco», dice el director. En ese momento el saco no se mueve. Los chavales están en el colegio.

NIVEL 2. Conducta aceptable, evolución positiva

Carreras, límites y estantes de obra.

«Los chavales están acostumbrados a la ausencia de límites. A usar la amenaza, la violencia. Aquí se ponen límites». Hay que asearse, hacer la cama, cambiarse de ropa, ir al colegio, tomar la medicación, respetar a los compañeros... Seguir las reglas proporciona puntos y te hace subir de nivel. Ganar pequeñas libertades hacia la gran libertad. Aunque no todos tienen paciencia para esperar. El joven director pasa al lado de uno de los chicos que aún no van al cole porque se está evaluando dónde escolarizarlo:

-Buena carrera la de ayer, ¿eh? Pero no lo bastante buena.

El chaval saluda pero no sonríe. Seguro que se acuerda de lo cerca que estuvo. Es inmigrante. Varios lo son. Este lleva mucho tiempo corriendo. Llegó a Chavea después de una autolesión horripilante. Allí le será difícil hacerse otra. No hay armarios. Hay estantes de piedra para poner la ropa en las pequeñas habitaciones. Y las rejas están por dentro, para evitar los cristales. Aunque Chavea no es un centro de reclusión: «La fuga es algo común», admiten los responsables. Al fin y al cabo, la mayor parte de los internos van y vienen todos los días al colegio. ¿Qué les impide fugarse desde allí?

NIVEL 3. Buena conducta

«Son chavales especiales, pero no extraterrestres».

Una vez a la semana, se reúnen todos, internos y monitores. Y se cuentan las cosas, a calzón quitado. «Se dice todo, lo bueno y lo malo. Lo que avanza y lo que no. Es un regulador de la convivencia que funciona muy bien». En general, la solidaridad prende entre los chavales y las cosas suelen ir bien dentro de lo que es la normalidad de Chavea: «Son chavales especiales, pero no son extraterrestres». Hay equipo de fútbol, de baloncesto, salidas en grupo, talleres conductuales y otras actividades que mantienen al grupo en marcha. «Cuando alguno nos estampa contra la pared, no es más que un problema de control de impulsos», resume el director.

NIVEL 4. Conducta muy estabilizada

Iker Casillas y los Reyes Magos.

El 6 de enero, como en casi todos los sitios, los internos de Chavea tienen juguetes en sus zapatos. Y los cumpleaños se celebran con patatas fritas, tarta y coca-cola. «Son días muy importantes», admite el director. En las habitaciones hay pósteres de estrellas adolescentes de Disney Channel, de Iker Casillas y David Villa. Hasta una recreación de la famosa foto de Charlotte Rampling en Portero de noche: «Esta está en el límite», dice el director delante del dueño de la habitación, al que ya le han levantado algún que otro póster. Al fin y al cabo, la mayoría de ellos son bombas de hormonas: «El sexo se trata con naturalidad y hay talleres de educación sexual. Eso sí, no están permitidas las relaciones sexuales, pero cada uno, en su habitación puede hacer lo que quiera».

NIVEL 5. Conducta muy buena y responsable

Vuelta a casa. Quizás.

Camino del comedor, una de las internas saluda a Amelia Varela, la directora de la Fundación Lar Prosalud Mental, el colectivo que tutela el centro.

-Estoy muy bien, muy bien. Este fin de semana me voy con mi padre y el siguiente con mi madre.

-Ya lo sé, estoy muy contenta.

-Yo creo que seré la tercera en salir después de...

Recita los nombres de dos de sus compañeros y se va a comer.

«Ahí es donde está la gran carencia», lamenta Amelia. Algunos irán con sus familias. Otros no. Los hay que ni siquiera la tienen e irán a otros centros hasta cumplir los 18. Pero no hay un vehículo de seguimiento para esos chavales que reciben el alta y salen al mundo. Tal vez la evolución de su enfermedad mental los devuelva a la tutela del sistema. O no. «Hace una temporada me encontré haciendo la calle en Ourense a una chica que había pasado por aquí», dice Amelia. En seis años, solo tres chavales han salido con una proposición de tutela por parte de la Administración. «Aquí les preparamos para que fuera les espere algo. Pero no tenemos forma de seguirlos».