La campaña gallega, entre el «lodazal» y el nido de caimanes

Touriño y Feijoo ignoran las polémicas de las sillas y los casos de espionaje en Madrid mientras Ferraz y Génova los alimentan


Un destacado miembro del PP lo advertía hace unos días. «Nuestras encuestas y las que tiene José Blanco indican que el resultado de las elecciones gallegas está en el aire. Y eso significa que la campaña se va a endurecer mucho más de lo previsto». Cuando este dirigente popular aventuraba esto no imaginaba ni en sus peores sueños que, al margen de que los socialistas fuercen la máquina, sería el propio PP el que iba a dar argumentos más que sobrados a sus críticos para ponerlos contra las cuerdas.

Sobre esa delgada línea que une las Islas Caimán con los ayuntamientos madrileños de Boadilla del Monte y Majadahonda pueden acabar decidiéndose las elecciones. Todo indica que aunque Touriño diga que no está dispuesto a convertir la campaña en un «lodazal», las autonómicas acabarán disputándose, quieran o no los gallegos, en aguas pantanosas.

En los cuarteles de Génova se prepara ya la respuesta al escándalo urbanístico del PP. Las elecciones a la Xunta son un banco de pruebas crucial para socialistas y populares. Y eso no va a ser positivo ni para la política ni para los ciudadanos gallegos, que van a ver cómo ambos partidos utilizan toda su maquinaria y sus peores artes a nivel nacional para poder presentar el 2-M el trofeo de la presidencia de la Xunta como antídoto de sus propios problemas nacionales.

En Ferraz y en Génova saben ya que en estas elecciones tendrán que bajar a las ciénagas a pescar votos. Y mientras tanto, Touriño y Feijoo mantienen el porte entre altivo y distraído de quien no quiere ver que algo huele a podrido en su propio domicilio.

El pasado miércoles, Pérez Touriño se sometía a las preguntas de la prensa madrileña, que lo martilleaba sobre la veracidad o no de esas sillas de a casi 2.500 euros la unidad. Y el presidente de la Xunta, como si la cuestión se pudiera obviar, no desmentía ni confirmaba. Se limitaba a responder que no iba a entrar en ese «lodazal» que, a su juicio, prepara el PP.

Dos días antes, era el líder del PPdeG, Alberto Núñez Feijoo, quien reunía a los plumillas capitalinos. No había estallado el caso Caimán ni el escándalo urbanístico de Special Events. De modo que las preguntas se centraban en la trama de espías de la Comunidad de Madrid. Y Feijoo, también, como si no fuera con él. «En Galicia nadie me pregunta por estas cosas», contestaba como extrañado de que semejantes minucias interesaran a los periodistas. Aseguraba incluso que esas cuestiones no le importaban nada a los ciudadanos, lo que provocaba el desconcierto de sus interlocutores.

Tras reunirse con uno y otro, no quedaba claro si Touriño y Feijoo descalificaban a la prensa madrileña por interesarse por los escándalos de sus partidos o minusvaloraban a los medios y a la sociedad gallega por asegurar que a sus ciudadanos no les interesan esos temas.

Un empresario gallego, ajeno a ambos partidos, comentaba que Touriño y Feijoo pueden mirar para otro lado y afirmar -seguramente con razón- que es el enemigo quien está detrás de las acusaciones. Pero eso no quita, decía, que lo importante sea saber si son ciertas o no.

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