La campaña gallega, entre el «lodazal» y el nido de caimanes

GALICIA

Touriño y Feijoo ignoran las polémicas de las sillas y los casos de espionaje en Madrid mientras Ferraz y Génova los alimentan

09 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Un destacado miembro del PP lo advertía hace unos días. «Nuestras encuestas y las que tiene José Blanco indican que el resultado de las elecciones gallegas está en el aire. Y eso significa que la campaña se va a endurecer mucho más de lo previsto». Cuando este dirigente popular aventuraba esto no imaginaba ni en sus peores sueños que, al margen de que los socialistas fuercen la máquina, sería el propio PP el que iba a dar argumentos más que sobrados a sus críticos para ponerlos contra las cuerdas.

Sobre esa delgada línea que une las Islas Caimán con los ayuntamientos madrileños de Boadilla del Monte y Majadahonda pueden acabar decidiéndose las elecciones. Todo indica que aunque Touriño diga que no está dispuesto a convertir la campaña en un «lodazal», las autonómicas acabarán disputándose, quieran o no los gallegos, en aguas pantanosas.

En los cuarteles de Génova se prepara ya la respuesta al escándalo urbanístico del PP. Las elecciones a la Xunta son un banco de pruebas crucial para socialistas y populares. Y eso no va a ser positivo ni para la política ni para los ciudadanos gallegos, que van a ver cómo ambos partidos utilizan toda su maquinaria y sus peores artes a nivel nacional para poder presentar el 2-M el trofeo de la presidencia de la Xunta como antídoto de sus propios problemas nacionales.