Ante la imposibilidad de conseguir más ingresos, los ayuntamientos gallegos han optado por una vía clásica, la del recorte de gastos, para hacer frente a la crisis. Los concellos se están preparando para apretarse el cinturón con políticas muy diversas, congelación de salarios, aplazamiento de programas... Esta es una relación de las iniciativas más llamativas adoptadas por los entes locales.
La corporación del Deza se ha visto obligada a suspender hasta el 2010 o el 2011 el Baby Lalín, un plan de apoyo a la natalidad y a la conciliación familiar ante la falta de dinero.
El municipio arousano ha tomado una singular medida: reducir hasta un 20% el gasto energético y la inversión en material de oficina. En este último caso, una de las directrices maestras será no abusar de la impresora, una idea que también propugnan en Cee, donde han pedido a los empleados municipales que no impriman correos electrónicos si no es necesario. En Ponteceso, el grupo de gobierno apuesta por ahorrar en material de oficina con el fin de optimizar sus ingresos.
Ganar habitantes para conseguir más transferencias del Estado. Este es el singular proyecto en el que se ha embarcado el concello barbanzano. Su intención es conseguir incrementar el censo en 1.079 personas, con lo cual superaría la barrera de los 20.000 vecinos, con lo que se obtendrían 1,2 millones que se invertirían precisamente en servicios e infraestructuras. Carnota. La intención del Ayuntamiento no es ahorrar, sino conseguir nuevos ingresos. Para ello, maneja la posibilidad de cobrar un impuesto de bienes inmuebles (IBI) especial a los propietarios de los aerogeneradores eólicos instalados en terreno municipal, unos 40 en total. La situación de este concello refleja a las claras el delicado estado financiero que atraviesan las corporaciones municipales: recientemente se vio obligado a pedir un préstamo de 296.000 euros para pagar, entre otras facturas, la de la luz.