Quintana le pone fin al frentismo del BNG

GALICIA

El número dos de la Xunta se convirtió en la única referencia nacionalista, pero debe probar aún su influencia en Madrid

12 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Con la expresión «revolución tranquila» acostumbra a sintetizar el líder del BNG, Anxo Quintana, los cambios que el nacionalismo gallego pretende introducir en el sistema de bienestar o el sector energético desde su llegada a la Xunta. La locución no es nueva. Está inspirada en la Révolution Tranquille acuñada en el Quebec de los años sesenta, cuando Jean Lesage emprendió la gran transformación económica, política y social de la provincia autónoma del Canadá con una campaña dirigida a nacionalizar y «devolver al pueblo» las boyantes explotaciones eléctricas de la región.

Todo eso empieza a sonar familiar aquí. Pero a falta de calibrar el rumbo que puede tomar el cambio político en Galicia, donde sí está calando la revolución de Quintana es entre los suyos y en poco tiempo. Desde que fue elegido portavoz nacional del BNG, en el 2003, le puso fin al frentismo de partidos que minaba la organización por dentro, apartó de la primera línea a los caudillos ideológicos de la generación anterior (Beiras, Nogueira o Francisco Rodríguez) y en el 2006 forjó, con el apoyo de la UPG, una mayoría decidida a exterminar el asamblearismo que acompañó al Bloque desde su fundación.

El resultado de esta transformación fue exhibido el domingo pasado en la asamblea nacional extraordinaria del BNG, a la que no acudió el sector crítico quizás para retrasar un poco más su derrota, pues son conscientes de que el sistema de delegados les complica las cosas para mantener el 30% que poseen en los órganos de dirección, máxime cuando no son ellos, sino el sector oficial, el que controla el aparato de la organización.

El Bloque es ahora una formación donde el frente de corrientes de antaño (UPG, EN, Inzar, UG, PNG-PG y Colectivo Socialista) fue sustituido por dos expresiones políticas, la UPG y el sector de Quintana, que deciden recorrer el camino de la mano. La una, la de la U , representa el dogma, la resistencia al cambio, pero también el pasado. La otra expresión, la del llamado Quinigá , va asociada al pragmatismo, la flexibilidad del gobierno y se identifica mucho más con el futuro y las aspiraciones que se impone el partido.

Entre esos objetivos está el de jugar una papel «central» en la escena gallega, algo que pasa por remover los marcos electorales del PPdeG, y por tener influencia en Madrid. La primera operación está en marcha, pero el poder en las Cortes dista mucho de ser verdadero.

Después de aprobar tres años seguidos los Presupuestos del Estado a cambio de camelos que no se llevan a la práctica, el BNG está obligado a plantearse si está o no dispuesto a demostrar (no solo a aparentar) que es una verdadera fuerza nacionalista, a la imagen de CiU, y que si indulta a una ministra denostada en Galicia es por algo apreciable y que no haya ni que explicar.

Ese es, probablemente, el reto mayor de Quintana: demostrar que el apoyo a las cuentas públicas es más crucial para el PSOE que para el propio BNG. Tomar el camino de siempre es una opción, pero no hay que olvidar que las revoluciones tranquilas también tropiezan. Y basta mirar a Lesage y Quebec.