La Universidad de Santiago reconoció el esfuerzo de los 327 estudiantes gallegos que obtuvieron como mínimo un 9 en las recientes pruebas de selectividad
12 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los 327 alumnos gallegos que este año superaron el nueve en la nota de selectividad recibieron ayer en el Auditorio de Galicia el homenaje que les brindó la Universidad de Santiago. Entre manzanas, se dieron a conocer las caras y los nombres de los mejores cerebros que podrán dibujar el futuro próximo de la comunidad. Unas manzanas que como los homenajeados son los frutos de muchas horas de dedicación, que como aclaró el rector de la USC, Senén Barro, «representan a tentación, pero tamén son redondas, brilantes, saborosas e perfectas, como estes estudantes».
La selectividad ya no es aquel monstruo que esperaba a los alumnos nada más terminar el bachillerato para devorar sus sueños de futuro o para concederles una pequeña licencia de optimismo. Parece que esta histórica prueba está siendo desmitificada con el tiempo y despojada del terror que desprendía y los llantos que demasiado a menudo provocaba. Todos los alumnos reconocieron que enfrentarse a ella fue mucho más sencillo de lo que en principio esperaban. Mercedes Solórzano consiguió un 9,36 en la selectividad, prueba que vivió como «una experiencia para nada traumática, totalmente divertida y muy interesante».
Nadie puede confesar la receta mágica para alcanzar tan brillantes resultados. Está claro que los milagros no existen y es necesario dedicar tiempo, pero los estudiantes que acudieron al acto para recoger sus diplomas distaban mucho de la imagen que todo el mundo tiene del clásico empollón sin vida social que vive recluido en las bibliotecas. Andrea Díaz es el claro ejemplo de como con organización se puede obtener un 9,38 en selectividad y al mismo tiempo un grado medio de danza en el conservatorio. «La clave es saber compaginarse. Mi principal motivación para conseguirlo es mi ambición innata y sobre todo intentar dar siempre lo mejor de mí».
Las motivaciones que se fijan los chicos para invertir tantos días y parte de las noches son muy variadas. «Conseguir lo mejor de mí mismo y el afán de superación» ayudó a David Suárez a alcanzar casi un 10 en su nota final. Otra de las metas que persiguen es conseguir la temida nota de corte para estudiar la carrera con la que han soñado, como Rafael Cobas, en su caso para ingresar en Medicina. Alejandro Rivero de Aguilar, quien consiguió la nota más alta de toda Galicia, aseguró en el discurso que dio durante el acto que «renuncié al carpe diem que caracteriza a los jóvenes a cambio de poder escoger un futuro de acuerdo a mi vocación, el reflejo de mis inquietudes». Alejandro citó a Woody Allen para explicar que «me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida».
Antídoto contra el fracaso
El terrible nubarrón del fracaso escolar que parece cernirse sobre los estudiantes españoles según el Informe PISA parece quedar disipado al admirar el espectacular aumento de jóvenes convidados a actos como el de ayer: de los 158 que obtuvieron calificación de sobresaliente en el curso 2003-04, se ha pasado a los 327 que lo consiguieron este año. Ni padres, ni profesores, ni alumnos, los auténticos implicados supieron decir la causa determinante de porqué ellos han logrado tan buenos resultados mientras muchos de sus compañeros se quedaron por el camino, pero todos coincidieron en que lo más importante es el trabajo del tándem padres más profesores desde las edades más tempranas. Ana Barreira dio con la clave: «O máis importante é todo, dende a situación na casa, o traballo dos profesores, o apoio dos pais, a xente da que nos rodeamos. Pero a motivación máis importante somos nós mesmos e o que queiramos facer co noso futuro». Su madre, Manuela, no pudo evitar mostrar el orgullo que profesa por su hija regalándole un enorme abrazo.