Más de quince años. El conflicto por la L del topónimo coruñés se inició el mismo año que la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Y ya llovió desde entonces... Sobre todo sentencias contrarias a la postura que mantenía el Ayuntamiento.
El primer fallo judicial llegó en 1994. El TSXG establecía la obligación de emplear la forma A Coruña como topónimo oficial. El mismo tribunal dictó otros autos y una providencia en la que constataba el incumplimiento de la sentencia. En el 95 se desestimó el recurso de súplica del Ayuntamiento a la sentencia original y, poco después la Fiscalía abrió una investigación para determinar si el entonces alcalde, Francisco Vázquez, había incurrido en un delito de desobediencia por empeñarse en utilizar únicamente el topónimo en castellano. Tras varios recursos, el caso llegó al Tribunal Supremo, que dictó sentencias obligando al Ayuntamiento a cumplir la Lei de Normalización Lingüística aprobada en 1983 con el voto a favor del PSOE de Vázquez.
Aunque parece que ahora la polémica está más que superada, hubo momentos en la historia municipal en los que la tensión por este tema agrió incluso relaciones personales entre concejales. Al desistir ahora el Ayuntamiento a continuar con los procesos judiciales, se abre una nueva etapa en la que quedan atrás anécdotas como la protagonizada por Vázquez el 8 de marzo del 2006 (tras ser designado embajador en el Vaticano) al despedirse cantando el La, la, la de Massiel. También fueron sonadas sus declaraciones criticando que se pueda reivindicar con más permisividad a ETA que la L del nombre en castellano, y las misteriosas desapariciones de esta letra en el topónimo floral de Alfonso Molina.