El ejército de las «carrinhas»

GALICIA

Se van al atardecer del viernes y regresan con el alba del lunes. A Galicia han venido exclusivamente a trabajar y cada fin de semana se la juegan en la carretera

01 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

En cuanto dan las cinco de la tarde del viernes, José agarra la carrinha y empieza a apurar a su grupo. Para él, la jornada ha sido un poco más liviana; ventajas de ser uno de los tres conductores que transportan a los veinte trabajadores portugueses camino de casa. Son encofradores que trabajan en la construcción de la depuradora de Bens, en A Coruña. Muchos de ellos llevan varios años viviendo en Galicia de lunes a viernes, pero nada más. Se van en el minuto uno del fin de semana y no regresan hasta el minuto menos uno de la semana laboral. Como cenicientas exiliadas por la crisis portuguesa y que ahora ven con preocupación cómo los problemas se extienden a España.

«Tratádeos ben, que son moi boa xente», insiste Asunción, la señora que les da de comer a diario en un bar de Meicende, muy cerca de donde trabajan y de donde duermen. En realidad, desde hace meses y durante un año más aproximadamente, la vida de lunes a viernes de estos trabajadores apenas se mueve del exiguo triángulo que definen estos tres puntos: el tajo, el bar y el apartamento; un territorio, por cierto, que nunca aparecerá en una guía turística y en el que la sombra (y el olor) de la refinería lo impregna todo. No es extraño que estén deseando regresar a casa:

-¿Ni siquiera se cambian de ropa antes de viajar?

-Non podemos perder tempo.

Responde José entre las fuentes de chuletas y arroz que circulan por el comedor del Bar Dilema. Son casi las diez. Cuando acaben de cenar, el grupo de veinte se retirará a los tres apartamentos en los que duermen y donde solo les queda una diversión: «Xogamos ás cartas».

-¿Y a qué juegan?

-Á sueca.

La señora del bar pasa al lado con más fuentes y les espeta:

-Se tivésedes unha sueca de verdade, entón si que vos iades divertir.

En realidad, el grupo tiene la vida social de una almeja: «Temos algo de tempo libre dende as seis, cando saímos de traballar e algúns van tomar un café». De la noche coruñesa, nada: «Non se pode saír moito, senón deixamos os cartos aquí e non os levamos para Portugal».

Incluso, Nono, uno de los más jóvenes del grupo, asegura algo sonrojado que no se ha echado ninguna novia en A Coruña: «Non teño tempo». Al final, y animados por el comentario sobre la sueca, una voz aporta algo más de alegría: «Algún día tamén hai que divertirse un pouco».

La jarana que se destila en la cena alivia algo la tristeza de pasar tanto tiempo fuera de casa. La mayoría están casados y tienen hijos. José, el chófer, tiene uno de 14 años y otro de 18, ambos estudiando, y se muestra convencido de una cosa: «Atoparán un bo traballo en Portugal». Él, un veterano, ya ha visto cómo alguno de los que lo acompañaron tiró la toalla: «Pero, ¿que imos facer?, se queremos gañar cartos haberá que ir onde haxa traballo».