Gitanos atrapados en el poblado marginal de O Vao

Jaime Velázquez

GALICIA

Las familias se hacinan en chabolas tras ser repudiadas en los lugares de realojo

27 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

No pueden salir del poblado chabolista de O Vao (Poio) aunque quieran. Han derribado sus casas ilegales, pero no tienen la oportunidad de encontrar un nuevo techo. Son siete familias, medio centenar de personas que llevan meses tratando de encontrar una vivienda en la comarca de Pontevedra.

Las puertas se les han cerrado cuando salió a relucir su procedencia. Vienen de O Vao, del poblado gitano de O Vao, el principal foco de trapicheo del sur de Galicia. Han sido el blanco de las consignas de movilizaciones vecinales en Vilarchán (Ponte Caldelas), Lérez (Pontevedra), Mogor (Marín), y O Muíño (Poio). El último lugar fue Sanxenxo. Los servicios sociales eligieron un cámping de Portonovo para realojar a las familias después de los derribos. No llegó a haber protestas, pero fueron expulsados por el dueño del establecimiento al día siguiente.

El Concello de Poio buscó a marchas forzadas un nuevo lugar de realojo. Lejos, en Vigo, donde no asustase tanto el nombre de O Vao. Pero fue demasiada distancia para ellos. Tuvieron que regresar al poblado chabolista. «Es un gasto de gasolina que no podemos hacer. Y además pagar el peaje. Eso no podía ser», dice Mariano, cuya chabola fue derriba el viernes pasado.

Una cama en el baño

En el solar de su antigua vivienda negocia la venta de una enorme viga de acero. Un poco más allá se encuentra la chabola de sus familiares, en la que hoy pasarán la noche: «Estamos viviendo doce personas en la casa. Hemos tenido que poner colchones en la cocina y hasta en el baño, porque no cabemos». La mesa para comer está fuera de la casa para acoger a los nuevos inquilinos. «Menos mal que no llueve, pero como empiece yo no sé qué va a pasar con los niños y con mi mujer, que está mal del corazón», se lamenta Mariano.

Miguel Montoya tiene seis hijos, uno de ellos de 10 años y una niña de 13 recién operada de un tumor. Enseña el cobertizo que ha construido a modo de trastero y que en los próximos días les servirá, también, de dormitorio. Fueron expulsados del cámping junto a las otras familias. «Es un fastidio, porque allí en el cámping estábamos bien alojados. Yo he dormido aquí, junto al fuego, pero a los hijos los tenemos dos aquí, dos allá... Estamos bastante fastidiados y con congoja», asegura.

Los servicios sociales de Poio se afanan por encontrar un lugar de realojo. Dos familias están alojadas en hoteles que ellos mismos eligieron y que paga el Concello. Ayer lograron otro nuevo alojamiento para los demás. Pero la mayoría de ellos ya no lo quiere. «Estamos hartos de ir de acá para allá. No sé por qué tenemos que pedir permiso a los vecinos o a quien sea para comprar una casa. Es algo que no se le exige a ningún español», decía Sinaí Giménez, portavoz de los afectados.

Los gitanos siguen atrapados en el poblado de O Vao. Para salir de la marginalidad tendrán que salir del gueto. Pero los guetos fueron creados para que los marginados no salieran de allí.