«Debe ser posible simplificar el Gaiás sin que pierda su calidad funcional»

El alemán razona que el presupuesto se disparó porque el Gobierno no puso límites a Eisenman: «Cuando construyes una casa no le das un cheque en blanco al arquitecto»


El sueño que Fraga presentó en Manhattan como nuevo icono cultural del siglo XXI se ha convertido en una pesadilla para las arcas públicas gallegas, con cuyos recursos se sigue financiando al 100% el coste de las obras, y para el Gobierno bipartito, que sigue sin saber qué hacer con el complejo heredado en la colina del Gaiás. El arquitecto alemán Wilfried Wang (Hamburgo, 1957), que se erigió en única voz crítica dentro del jurado que adjudicó el proyecto a Eisenman, reparte responsabilidades políticas por el desfase presupuestario de una actuación que calcula que rondará los 600 millones de euros y apuesta por reconducir el diseño original para simplificarlo.

-¿Cuando se adjudicó el proyecto a Eisenman era posible prever que su coste podría llegar a ser seis veces superior al estimado inicialmente?

-Cuando ves todos los proyectos con una dimensión determinada y hay uno que duplica la superficie sobre la que va a construirse, es muy fácil prever que el coste no se ajustará al presupuesto inicial. Entonces no era fácil saber que sería de seis veces más. He leído que ahora va por 385 millones de euros.

-Es el coste comprometido en obras, pero no el final.

-Sí. En otras palabras, si conocemos la parte que está construida y su precio, podemos calcular cómo se incrementará el coste final. No conozco el contrato, ni los detalles con exactitud, pero como arquitecto entiendo que, si el 60% de las obras cuestan una cantidad, el 40% restante tendrá un coste proporcional.

-Usted advirtió por escrito del sobrecoste que tendría el diseño de Eisenman.

-Sí, lo reflejé en mi decisión como parte del jurado.

-Parece que la Administración gallega dejó manos libres al arquitecto para desarrollar su proyecto, al margen de cualquier control de gasto.

-El arquitecto no puede obviar el coste del edificio. No estoy en contra de que estas construcciones sean emblemáticas, pero hay que considerar tanto la idea, la ciudad o el lugar como el presupuesto. No debes obviarlo como profesional.

-¿La corriente arquitectónica abanderado por Eisenman, el deconstructivismo, es compatible con el control del gasto?

-Por supuesto que sí, hay que controlar los costes en cualquier tipo de arquitectura.

-El problema, pues, no es la arquitectura sino la gestión.

-El conflicto se produce en la relación entre el cliente y el arquitecto. Tanto el anterior Gobierno como el actual deben hacer una propuesta con un límite presupuestario que el arquitecto debe asumir. Si no hay ese límite, la relación no es buena. Cuando construyes una casa familiar nunca le dices al arquitecto que haga lo que quiera, ni le extiendes un cheque en blanco en el que pueda poner un cero más. Tiene que haber una relación contractual mucho más rigurosa, tanto por parte del anterior Gobierno como del actual.

-El anterior Gobierno decidió ampliar edificios y crear nuevas instalaciones sobre la idea original, y el actual ha continuado las obras sin definir antes los usos del complejo. ¿Esas decisiones han contribuido a encarecer más el proyecto?

-Es obvio. El anterior Gobierno cometió el error de no definir el límite del precio por metro cuadrado, y no revisó la magnitud del proyecto. En alemán, decimos que se añade petróleo al fuego. El Gobierno actual tiene que definir las actividades de futuro para poder utilizar los edificios.

-¿Y, en su opinión, de qué modo sería posible rentabilizar el proyecto una vez concluido?

-Cuando el proyecto se decide como la planta de la ciudad de Santiago sobre la que se superpone la vieira, puede optarse por una escala u otra, o por una escala inmensa, como la que se está ejecutando. Hay una idea personal del arquitecto, que define este tipo de superposiciones a través de detalles constructivos que veo desmesurados. Debe haber un punto en el que sea posible simplificar la Ciudad de la Cultura sin perder su calidad funcional. Va a depender de la relación entre el arquitecto que ejecuta el proyecto, Perea, y el autor. Si hablamos de una línea metálica en el suelo, es algo muy personal que solo sabe el arquitecto. A nadie más le dice nada. El estudio de Eisenman va a reclamar esos detalles como necesarios. Pero, bajo mi punto de vista, es una concepción dictatorial por parte del arquitecto. La arquitectura debe ser comprensible, se tiene que comunicar de manera más sencilla.

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