Esperanza González barría la entrada de la vivienda, en Vilagarcía, cuando se desprendió una gran piedra de unas obras
08 nov 2007 . Actualizado a las 02:42 h.Esperanza González barría en la soleada mañana del lunes el colorido patio de su casa cuando, de repente, a punto estuvo de ser aplastada por una piedra de grandes dimensiones, como caída del cielo. «Oín un ruído moi grande -reconoció- pero pensei que eran os cans dun veciño, que fan moito barullo». Cuando todavía se recuperaba del susto vio bajar, todo nervioso, a un chico que trabaja en las obras de un vial que están construyendo al lado de su casa, en la parroquia vilagarciana de Cornazo. Gesticulaba diciéndole que ya le estaba avisando desde arriba, que se apartara, que le iba a caer la piedra encima. «¡Estou viva, estou viva!, díxenlle eu para que quedara tranquilo».
Desde esa mañana, Esperanza González no para de repetir lo ocurrido a todo aquel que se asombra al ver semejante pedrusco en medio del destrozado patio. «A sorte que tiven, porque podía morrer, un pouco antes cheguei co coche, se me colle nese momento, aplástame».
Y aunque la roca caída del monte le destrozó buena parte de su cuidado jardín, de momento Esperanza no quiere que se la retiren. «Aínda non sei se presentarei unha denuncia, porque non me esnaquizaron máis que uns cacharros para as plantas, pero o que me preocupa é o perigo, porque outros días anda por aquí o meu netiño, e terían que ir con máis coidado».
Cuando quiere reproducir la secuencia, no lo tiene muy claro. La parroquia de Cornazo es la principal damnificada de las obras de construcción del vial que se está haciendo para conectar el puerto de Vilagarcía con la autopista. Los vecinos sufren el continuo paso de los camiones, las reiteradas voladuras y los temblores en sus casas. Pero la piedra que cayó del monte no procedía de esas obras, sino de la construcción de un vial secundario que da acceso a las fincas. «Estaban traballando con pas, e eu non sei se se lle soltou a pedra da máquina ou se caeu do terreo, o que sei é que baixou rodando uns 140 metros».
Protestas
Lo ocurrido en el patio del número 16 del Camiño Real, en Cornazo, colmó la paciencia de los vecinos, que llevan semanas denunciando en el concello las molestias que les provocan las obras del vial. Las voladuras se repiten dos veces al día, y las casas tiemblan con el estruendo de la dinamita. «Un día aínda vai pasar algo nunha vivenda, e co que costa ter a túa casiña», se quejaba ayer Esperanza González.
Y no es la única. Hace unas semanas, otra vecina se plantó en medio de la carretera e impidió el paso de los camiones. Estaba de los nervios, harta de que le temblara la casa de cada vez que pasaba uno de esos vehículos pesados cargado con toneladas de tierra. Tuvo que desplazarse allí la policía para explicarle que no podía cortar el tráfico así por las buenas. Pero Paulina Alvites amenazó con repetir la protesta siempre que lo considerara oportuno.
El Concello de Vilagarcía transmitió al Ministerio de Fomento las quejas de los vecinos de Cornazo, y el departamento que dirige Magdalena Álvarez se comprometió a tener en cuenta una serie de peticiones de los afectados, como mejoras en el alumbrado, caminos de servicio y obras de saneamiento. Pero las molestias tendrán que seguir soportándolas si Vilagarcía quiere mejores infraestructuras. «E din que as voaduras van seguir seis meses», decía ayer Esperanza resignada.