El recuerdo de la peor marea

L.?C.?S.

GALICIA

Los tripulantes del «Tiburón Tercero» relatan su odisea en Vigo tras interceptar un cayuco a la deriva en Cabo Verde con siete muertos y un superviviente

03 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

El drama del éxodo masivo y suicida de los norteafricanos que se embarcan por decenas y hacinados en frágiles pateras en busca de la costa europea no es fácil de olvidar para quien lo ha vivido en primera persona. Ni siquiera para los siete marineros gallegos que localizaron por azar y en medio del océano Atlántico -a unas 300 millas de la costa de Senegal y a unos 3.000 kilómetros de Galicia, en aguas del archipiélago de Cabo Verde- una de estas embarcaciones negreras, y que tras veinte días de navegación a la deriva era ya apenas un féretro flotante. De los 57 que zarparon, solo uno ha vivido para contarlo y otros siete eran la prueba de la tragedia. El resto fueron largados por la borda a medida que morían de sed, perdidos sin remedio en un viaje a ninguna parte.

A su arribada ayer a un muelle privado en Vigo, impresionó más lo que estos siete marineros se callaban que lo que dijeron. Diez días de navegación dan para mucho pensar, y no es fácil borrar el libro de la conciencia. El patrón del palangrero guardés Tiburón Tercero , José María Abreu, lamentó ayer que los pescadores que salen a la mar tengan que traer a tierra cadáveres de inmigrantes en vez de aquello a lo que se dedican, es decir, pescado, e hizo un dramático llamamiento a las autoridades africanas para que intenten detener la masiva salida de cayucos al mar.

Abreu -que al llegar al puerto de Vigo y completar la maniobra de atraque de su buque se fundió en un abrazo con su esposa e hija- contó el trágico rescate de un cayuco el pasado 24 de octubre frente a la costa de Cabo Verde con siete inmigrantes muertos en el interior y tan solo uno con vida. «Vimos una auténtica desgracia», aseguró el patrón guardés con lágrimas en los ojos. A su juicio, los inmigrantes habían fallecido más de seis días antes por el fuerte hedor a muerte que desprendía la embarcación en el momento en que el Tiburón Tercero los avistó y decidió acudir en su ayuda. Un compañero de la tripulación advirtió la presencia de uno de los inmigrantes con vida cuando este levantó la mano que, a la postre, le salvó la vida. «No sabíamos qué hacer -explicó-, pero tomé la decisión de bajar y salvar a ese hombre».

Inanición

Pesaba unos 45 kilogramos, según comentó el patrón. Cuando fue embarcado en el pesquero gallego, el superviviente le escribió en un papel que en el cayuco viajaban unas 57 personas, aunque cuando fue encontrado por el pesquero solo quedaban siete y él mismo, que era, además, el piloto.

Para el patrón «han sido momentos muy duros, los más duros de toda mi vida», al tiempo que elogió la fortaleza mostrada por su tripulación en una situación límite. Poco después de proceder al rescate del subsahariano con vida, dio aviso a las autoridades españolas, quienes emplazaron a la nave de pesca a navegar al encuentro del buque hospital español Esperanza del Mar , que trasladó a los inmigrantes hasta un puerto senegalés.

La imagen, insistió, era dantesca. El patrón explicó también que el superviviente presentaba claros síntomas de desnutrición. Ya en el Esperanza del Mar lo único que le preocupaba a ese hombre era el dinero que llevaba consigo: unos 790 euros. «¿Una vida vale 790 euros?», se preguntó Abreu.