Por su carácter emblemático, la propiedad podría salir a concurso en lugar de a subasta Las asociaciones antidroga siguen interesadas en crear un centro de rehabilitación
16 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.El antiguo Falcon Crest de Laureano Oubiña y Esther Lago no tardará en tener nuevos propietarios. Pero sobre el proceso de adjudicación de la bodega, el pazo y los viñedos -incautados al matrimonio de narcotraficantes hace más de una década- quedan algunas incógnitas que no dejan de estar relacionadas con el fuerte contenido simbólico de la propiedad. Se estudia, por una parte, la conveniencia de que la explotación vitivinícola permanezca en manos gallegas, y ahí está, entre alguna que otra empresa, la firma Martín Códax, que reconoce que pujará. Por otro lado, las asociaciones antidroga, con Carmen Avendaño a la cabeza, tienen un especial interés en que el símbolo de ostentación de los Oubiña revierta en la rehabilitación de quienes los hicieron millonarios a costa de su salud. La propiedad está valorada en algo más de ocho millones de euros, por lo que, pese a ser una tentación para las empresas vitivinícolas, la mayoría de ellas no pueden ni planteárselo. La partida, entonces, está en manos de unos pocos grupos empresariales. Y no todos gallegos. Freixenet, la firma que lleva cuatro años explotando la bodega y comercializando el albariño Vionta, también se la quiere quedar. A su favor cuenta con esos años de experiencia y con un vino tan reconocido que hasta convence en los mercados chinos, además de haberle quitado un problema de encima al Estado cuando la administración judicial no tenía ni para pagar a los empleados. En su contra, su procedencia catalana. Fines sociales Las incógnitas se despejarán a finales de verano, cuando se adjudique la propiedad. Es muy probable que finalmente se opte por el concurso, y no por la subasta. De esta manera se evita que tras el mejor postor se puedan esconder, de nuevo, capitales procedentes del tráfico de drogas. El concurso permitiría al Plan Nacional sobre Drogas analizar no sólo la solvencia del comprador para sacar adelante una explotación vinícola, sino también otros aspectos que puedan hacer justicia con quienes fueron víctimas del narcotráfico. Y ahí entran las asociaciones antidroga. Carmen Avendaño, la presidenta del colectivo Érguete, admite que algo está preparando. Pero como las asociaciones antidroga no tienen medios ni capacidad para gestionar un complejo como el pazo de Baión -con 22 hectáreas de viñedos de los que Freixenet saca al año unas 300.000 botellas de vino- negocia con varias firmas su explotación. Lo que Érguete recibiría a cambio es, de momento, un secreto bien guardado, pero se habla de la creación de una comunidad terapéutica en los amplios terrenos que rodean el pazo. Hace trece años que las madres antidroga se colgaron de las rejas del pazo de Baión, y tres años que recordaron aquellos tiempos en el rodaje de la película Heroína , basada en la vida de Avendaño. «Queríamos quitarle el pazo a este señor para curar a nuestros hijos», decían entonces. Y en ese empeño siguen. La lucha personal de esos colectivos tiene un peso específico en la resolución del futuro de la propiedad. Pero a la hora de adjudicarlo importan también los resultados económicos, y eso sólo los puede garantizar una empresa solvente y con experiencia en el sector. De lo que no cabe duda alguna es de que el pazo de Baión interesa. Los símbolos, a veces, también se revalorizan en el mercado.