Favores por derechos

Lois Blanco

GALICIA

MARCOS MÍGUEZ

LA IMAGEN superior no fue tomada en Montevideo, sino en Vila de Cruces. Los que reciben el sobre no son emigrantes citados en un hotel, sino paisanos del ayuntamiento pontevedrés en la plaza del pueblo. No fue en la precampaña de unas municipales, sino en plena campaña electoral de los comicios del 2003. No se entregaban cheques asistenciales de 300 euros, sino títulos de propiedad por la concentración parcelaria. No dimitió nadie. Calma, no se trata de que este país sea un desastre, ni de que cada gallego lleve a un cacique dentro. Es un mal común en el Estado. Como un símbolo nacional de la política. Vender por favores lo que son derechos: un cheque asistencial al que le fue tan mal en la emigración que no puede volver o no tiene a donde; el título de la concentración parcelaria a su justo propietario; las llaves de su piso al receptor de una vivienda de protección oficial; un empleo ganado por méritos; una cama en un hospital. Todo. Antes de unas elecciones, nos lo venden todo. Por eso resulta tragicómico que la cachada que le metieron al secretario general del PSOE en Uruguay repartiendo cheques asistenciales de una fundación de la Xunta a los emigrantes de Montevideo derive en un debate maniqueo de partidos políticos buenos frente a otros malos. La moral es una cualidad que existe o escasea en las personas, políticos incluidos, pero no en las siglas. La Fundación Galicia Emigración fue una de tantas creadas durante el fraguismo con entidades financieras y empresas con el fin, en su caso, de echar una mano a los emigrantes. ¿Quién le iba a decir a los patrocinadores privados que el cartero de los cheques de la fundación acabaría siendo el secretario general de un partido político metido en campaña? Aunque se podía aventurar, porque en el ideario colectivo ya está instalado que el derecho a voto de los emigrantes y de sus descendientes a infinito, además de injusto, ha estado y está maleado por el partido, el que sea, en el poder. Es coser y cantar: les dan ayudas económicas pero no les cobran impuestos. El affaire Montevideo permite deducir que los gobiernos cambian, pero las perversiones no siempre, ni todas, ni tampoco de repente. Ver estos días por Galicia a los conselleiros del bipartito transformados en jinetes y amazonas de coche oficial prometiendo el milagro de los pisos baratos y las autovías gratis era un remake esperado con la llegada de la primera campaña electoral desde el relevo en la Xunta. Mudan los actores, pero el argumento es similar: promesas a tutiplén. Sin embargo, la destitución de la presidenta de la fundación y la estampida del repartidor de cheques al norte del río de la Plata también son síntomas de cambio. Touriño ha marcado una línea roja donde antes no la había. Un derecho menos que se vende como favor. Quedan otros.