Sálvora Un vivero de mariscos

Ana Gerpe Varela
A. Gerpe RIBEIRA

GALICIA

SIMÓN BALVÍS

Los entendidos dicen que el mejor percebe se recoge en sus rocas, donde pega duro el viento del Atlántico: no por casualidad es la guardiana de los temporales en Arousa

04 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

La isla de Sálvora es un estandarte para los ribeirenses y un emblema para la ría de Arousa, desde cuya bocana actúa como guardiana de los temporales del Atlántico. Este retazo de tierra guarda el testimonio del arrojo de los vecinos, a los que convirtió en héroes por decreto, por el coraje demostrado en el auxilio a los tripulantes del vapor-correo Santa Isabel , hundido frente a sus costas en 1921. Pero Sálvora también es sinónimo de riqueza natural, un vivero de mariscos, entre los que el percebe ejerce una monarquía absolutista. Los entendidos dicen que es en las piedras de su litoral, batidas por el duro viento del Atlántico, donde se cría el mejor crustáceo. A su alrededor, los mariscadores se afanan por recoger los frutos que mes a mes les regala la productiva ría de Arousa. Habitada hasta 1970, el archipiélago albergó dos siglos antes la primera fábrica de secado y salazón de pescado de Galicia. El edificio, conocido popularmente como O Almacén, se transformó después en el pazo de Sálvora, que continúa en pie y es posible divisar desde tierra. Territorio de Aguiño Sus 15 kilómetros cuadrados, que forman parte del parque nacional de las Illas Atlánticas desde el 2002, pertenecen a la parroquia de Aguiño y es precisamente la cofradía de esta villa marinera la que gestiona los recursos pesqueros de la zona. Es una isla granítica en la que predominan las áreas rocosas, con los promontorios de Milreu y Gralleiras como puntos destacados. Posee tres pequeñas playas de finísima arena y, actualmente, su vegetación está dominada por el matorral y los eucaliptos. La única excepción es un terreno de endrinas emplazado junto a la aldea. Antaño, donde ahora hay tojo había campos de labradío. Caminando por sus pedregosos senderos pueden observarse, a derecha e izquierda, conejos bien lustrosos. Las gaviotas ponen música al mar y, si se tiene mucha suerte, es posible ver alguno de los ciervos que han encontrado en Sálvora su refugio, posiblemente porque la caza está prohibida en la isla. Para lo que no hace falta agudizar la vista es para contemplar la pequeña pero selecta manada de caballos que pasta en libertad cerca del faro. El faro se encuentra al sur, en la parte más saliente, en un lugar conocido como punta Besugueiros. Su diseño es de 1954 y sobre su planta se agolpan paneles solares con energía fotovoltaica. Todavía hoy en día está al cuidado de fareros. Tres se turnan a lo largo del año para que las señales marítimas cumplan su cometido. Desde el alto privilegiado en el que se encuentra la torre, en los días claros es posible contemplar en el horizonte de la ría las islas Cíes e, incluso, la costa de Portugal. Sin embargo, lo que de verdad define Sálvora es su sirena, que saluda al visitante incluso antes de llegar a tierra. La leyenda cuenta que dio origen al apellido de los Mariños, en cuyo escudo figura la mujer del agua.