Los atropellos de peatones de avanzada edad disparan las muertes en carretera

José Manuel Pan
José Manuel Pan REDACCIÓN

GALICIA

Febrero ya registra en Galicia doce víctimas mortales, cuatro al ser alcanzadas por vehículos En lo que va de año han perecido once personas tras ser arrolladas en vías interurbanas

08 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

En todo el 2006 murieron en Galicia 38 peatones. En los 39 días transcurridos de este año ya han muerto atropelladas 11 personas. Estos datos son suficientes para explicar la preocupación de las autoridades responsables de la seguridad vial en la comunidad ante la escalada de atropellos mortales registrada en las carreteras interurbanas de Galicia en lo que va de año. Y no es que Galicia sea ajena a este tipo de siniestros, ya que durante muchos años ocupó e primer lugar de España en número de muertos en atropellos. Lo peor de todo, como explica José Luis Ulla, teniente coronel de la Guardia Civil de Tráfico de Galicia, es que «la mayoría, por no decir todos, son siniestros evitables». Y cita como ejemplos los atropellos a personas de avanzada edad, como los cuatro registrados este mismo mes de febrero. Menos uno, de 79 años, el resto de los peatones superaban los ochenta. Y en todos los casos iban vestidos con ropas oscuras y, por supuesto, sin ningún tipo de prenda reflectante. Ulla indica que en este tipo de sucesos se dan siempre unas circunstancias parecidas. La primera es que ocurren de noche o a primera hora de la mañana, en todo caso cuando disminuyen las condiciones de visibilidad. A la ropa oscura se suma la creencia de los peatones de que son vistos por el coche que circula por la carretera. Y nada más lejos de la realidad. Cualquier conductor sabe que el espacio de visión que tiene de noche con luces de cruce es muy limitado. Cuando ve al peatón en la calzada ya es tarde para reaccionar. Claro que no siempre es así. En muchas otras ocasiones los conductores olvidan que el peatón es la parte más débil del tráfico, y circulan por travesías y poblaciones a la misma velocidad que por otras zonas. Y en el momento del atropello sólo hay un perjudicado: el peatón, que tiene su cuerpo como único parachoques.