Aguantó cuatro etapas y se jugó la vida. Pero África le tira demasiado como para no volver a intentarlo el año que viene
14 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.El polvo del suelo de Marruecos se mete en la línea telefónica. Del otro lado, la voz de Francisco José Gómez Pallas (Carballo, 1969) suena lejana y emocionada, aún a pesar de haberse descabalgado ya del rally más duro del mundo. -Le apodan «el Costa da Morte» en una travesía que le puede costar la vida. Pero usted está enganchado a esta aventura... -El Dakar es como un amor maldito, que cuanto más te hace sufrir, más lo quieres. -Aguantó cuatro etapas como un jabato, pero le pudo África... -Estuve parado a ochenta kilómetros del control de paso porque se me quedó la moto sin gasolina. Además, se me rompió un depósito delantero. De las cuatro etapas, tuve que parar en todas porque me quedaba sin combustible. Unos andorranos que iban por libre hicieron ochenta kilómetros por mí para traerme diez litros de gasolina. Gracias a ellos y a un camión que me cedió el combustible que llevaba para el generador, conseguí llegar. ¡Pero ya habían pasado dieciocho horas! [La comunicación se corta y sale una voz grabada que debe de decir, en árabe, eso de que «el teléfono al que llama no se encuentra operativo»]. -¿Fran? A ver ahora, que le pierdo. Le decía que, a pesar de las circunstancias, no tiró la toalla a la primera...-Empezaba a caer la noche, me metí de lleno en las dunas, con poca luz y sufrí como nunca. -Lo suyo tiene mérito, un equipo casi artesano... -Me acompañan cuatro personas: J.L., el mecánico; Jordi y Beni, dos amigos catalanes; y Kico, un compañero de Carballo. Todos hacen todo: uno traduce, otro es informático, uno fotógrafo... -Menos quien le llevase gasolina, de todo... -Es que ellos también tuvieron un percance. No me lo contaron, pero me enteré de que volcaron el coche y están vivos de milagro. Se fueron por una cuneta y aún tuvieron valor de alquilar una furgoneta para prestarme asistencia. -O sea, que no sólo los pilotos lo pasan mal... -Cuando me los encontré después del accidente me supo mal. ¡Se jugaron la vida por mí! El Dakar, cuando se pone así es terrible. [Se vuelve a cortar la línea]. -¿Fran? A ver ahora, que le pierdo. ¡Súbase a una piedra! Le iba a preguntar ¿Qué se le pierde a uno de Carballo en África? -A ver ahora [ruidos]. Pues en África se me pierde lo que uno no encuentra ahí. Es completamente distinto al mundo occidental; la convivencia con la gente; el verte solo en medio del desierto... eso tienes que vivirlo. -Ya van cinco veces... -Aunque sólo logré acabarlo dos, una en Egipto y el año pasado en el Lago Rosa. Los abandonos siempre fueron por averías. -¿Habrá sexta vez? -¡Cómo no! Se ha convertido en una forma de vida. -¿Es un aventurero? -No lo sé. En el Dakar es todo extremo; si hace frío, hace mucho frío; si hace calor, te abrasas. -La familia sufre... -Sufren cuando no te ven aparecer en un control y se temen lo peor. Pero es tu pasión, lo haces porque te gusta y vuelves porque quieres. -Seguro que a los doce años ya tenía moto... -Toda la vida he corrido en motocrós. El Dakar es el sueño de todo piloto, un día te lo planteas y empiezas a llamar a las puertas, eso sí que es duro. -¿Está muy roto? -El primer año me rompí el pie derecho, pero conseguí acabar igual. La bota hizo de escayola, estuve ocho días sin quitármela. Pero es que te cuesta tanto trabajo llegar aquí que lo último que piensas es en abandonar. -¿Qué hace cuando no pilota? -Trabajo en una empresa familiar montando mobiliario y estanterías de acero inoxidable. -Déjeme que sea abogado del diablo: hay quien dice que el Dakar es una ostentación ante los pobres más pobres de lo mucho que nos sobra el dinero en el hemisferio norte... -Es la crítica fácil. Hay mucha gente que colabora con fundaciones de aquí, una lleva quince escuelas creadas entre Guinea y Senegal. Y, en cada campamento, la organización deja toneladas de comida y medicamentos. A los que critican les digo una cosa: la segunda fuente de ingresos de Mauritania, después de la pesca, es el Dakar. Es un rally muy mediático y los que critican ahora son los mismos que el resto del año ni se acuerdan de los niños que se mueren de hambre.