El caso de la gallega de Cancún

Lois Blanco, lois.blanco@lavoz.es

GALICIA

ÓSCAR VÁZQUEZ

13 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

«LA GALLEGA enseña sus armas», tituló un rotativo mexicano al día siguiente de que la joven de Arcade, detenida hace tres meses en Cancún por llevar en la maleta unas balas perdidas, pusiera sus tetas al aire. Armas de corto alcance, pues la fama que le reportan es efímera; de recorrido fugaz. Arcade está dividido. Unos sienten traicionada la solidaridad que expresaron con Ana María durante su detención en México. Otros creen que cada cual es libre de enseñar sus tetas cuando le venga en gana, sobre todo si se las pagan bien, como es el caso. Hace tres meses, la familia de Ana María apeló al apoyo de la gente para que la presión social acelerase la liberación de aquella chavala inocente, llorosa y conmocionada que aparecía en las imágenes que nos llegaban desde México. Sus vecinos hicieron pancartas, ampliaron sus fotos y se manifestaron con consignas creadas para la ocasión: «Ana, valiente; te quiere la gente». Desde Moratinos hasta Touriño mediaron por la causa de Ana María, quien a su regreso atendió a las cámaras en Lavacolla con las banderas gallega y española a su costado. ¡Una compatriota liberada!, a la que esperaba en la puerta del aeropuerto una limusina blanca para poner un punto final feliz a la accidentada luna de miel de la pareja de Arcade en las playas de Cancún. Cuando su popularidad declinaba, Ana María se ha echado a rodar por el mundo de las portadas de tetas y de la mala televisión, de donde sólo regresan con la cabeza alta habas contadas. Justificó su reaparición en que necesita el dinero para sufragar las deudas contraídas con abogados mexicanos. Todos somos libres de enseñar el pecho. Y también sus vecinos, Touriño o Moratinos tienen razones para sentirse defraudados porque Ana María se haya servido de su condición de víctima convertida en heroína para llevarse al bolsillo lo que nunca antes de Cancún le pagarían por enseñar las tetas y retroalimentarlas en los platós de televisión. Desde que fue detenida hasta hoy, ¿cuántas mujeres habrán sido víctimas de la violencia o de injusticias mayores sin recibir el apoyo y la solidaridad de los gobiernos, la atención de los medios de comunicación y el respaldo de su pueblo? Muchas. Pero víctimas anónimas, a cuyas puertas no llama nadie para sufragarles las deudas.