Quince días después de abrir un paso bajo tierra, el Concello de Ferrol habrá de cerrarlo al tráfico hasta 72 horas para repararlo. «Una anécdota», según Juncal
09 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.La reforma de la plaza de España de Ferrol se gestó con polémica -estuvo a punto de costar la gobernabilidad entre BNG y PSOE-, se ejecutó entre chanzas y lamentos por el traslado de la estatua de Franco y hoy, cinco años y medio después del inicio de las obras, no se ha despegado de la imagen de despropósito que ha calado entre la ciudadanía. La última seña que confirma esa sensación es un túnel de 230 metros de largo abierto hace justo 15 días, el 27 de diciembre, y que el Concello ha ordenado cerrar para reparar varios problemas que los conductores detectaron antes que los políticos, que el día de la apertura alabaron este paso subterráneo. Aunque no quisieron reparar en que la anchura de este túnel es muy justa -entre 6,5 y 7 metros- para el paso de dos coches. Y no digamos ya para que lo atraviesen a la vez dos vehículos pesados como un camión y un autobús. Carece además de arcenes para colocar el auto en caso de accidente o avería en el interior. Y la salida de emergencia conecta sólo al sótano de un edificio aún en construcción. Problemas que para el alcalde, Juan Juncal, son «una anécdota» y un «problema menor», tal como dijo la semana pasada. La decisión de acometer esas pequeñas reparaciones no se adoptó, sin embargo, hasta finales de la semana pasada, después de constatar que los vehículos pegaban contra el pavimento en los cambios de rasante, y que ya habían aparecido desconchados en la superficie, aunque se respete la velocidad máxima, 30 kilómetros por hora, la más lenta de la ciudad. El túnel se cerrará al menos 24 horas para realizar los trabajos, aunque aún no hay fecha para esa clausura temporal; dependerá de la meteorología porque hacen falta unos tres días con tiempo seco. La obra pretende suavizar esos cambios de rasante para que, además, puedan pasar los autobuses urbanos sin pegar sus bajos contra el suelo; en las pruebas realizadas, con los buses vacíos, quedaron a menos de unos cinco dedos del suelo. Lo del estrechamiento es algo ya incorregible porque el túnel, que además es serpenteante en el interior, pasa junto a los cimientos de varios edificios. Por eso, cuando se crucen dos vehículos pesados ambos tendrán, cuando menos, que replegar los retrovisores. ¿Es esta una obra de ingeniería del siglo XXI?