El «Prestige» nunca dejó de verter

Pablo González
Pablo González REDACCIÓN

GALICIA

Las fugas de la proa y de la popa no pudieron ser selladas totalmente Informes de Repsol y testimonios de técnicos muestran que el Gobierno conocía los escapes

09 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

La resonancia mediática de las manchas detectadas en el lugar del hundimiento del Prestige ha ensombrecido totalmente la realidad del vertido. Los informes de Repsol sobre la extracción del fuel que el Gobierno conoce desde hace dos años, así como los testimonios de técnicos que participaron en la operación, revelan que el petrolero hundido nunca ha dejado de verter fuel desde el 19 de noviembre del 2002, cuando se partió en dos a 260 kilómetros de la costa gallega. La única diferencia estribaría en la cantidad de fuel que ha derramado tras las distintas actuaciones llevadas a cabo sobre el pecio. Pero, en realidad, las fugas del petrolero nunca pudieron ser totalmente selladas. Vertía cuando en diciembre del 2002 el Gobierno del PP decidió enviar al batiscafo Nautile -del instituto francés Ifremer- para sellar las primeras fugas. Entonces el derrame se contaba por 130 toneladas al día, pues el impacto del hundimiento aún era reciente. Tras los primeros parches, en unas condiciones meteorológicas infames, se logró reducir el flujo a 2,2 toneladas diarias. El pecio vertía también cuando el submarino francés dejó su trabajo por la imposibilidad técnica de ir más allá. A mediados del 2003, fecha en la que Repsol aceptó el reto de neutralizar el pecio, de los tanques del buque salían 700 kilos de fuel diarios. Proyecto de extracción Es en este momento cuando Repsol prepara el proyecto de vaciado, el modelo para determinar las toneladas de fuel que quedaban en las secciones de proa y popa -basado en su experiencia en calcular la riqueza de los pozos petrolíferos- y la operación para sellar las fugas que no había podido cerrar el Nautile , más limitado que los robots submarinos que posteriormente adaptaría la compañía petrolera. En agosto del 2003, la compañía petrolera logra reducir el caudal de 700 kilos diarios a 20. Este sellado parcial es reconocido posteriormente por la propia compañía en su informe medioambiental, publicado a finales de ese año. «Se trabajó en 11 fugas en proa y cuatro en popa, utilizando distintos métodos de sellado, tras lo que las fugas pudieron considerarse de mínimas a nulas, con un caudal total inferior a 10 kilos en proa y otros tantos en la popa». Evidentemente, la palabra nulas encierra una contradicción absurda. Los técnicos Técnicos que participaron en la operación confirman que esta situación no cambió ni antes, ni durante, ni después de la operación para extraer 14.000 toneladas de fuel de la sección de proa, que se culminó el 23 de octubre del 2004. La propia compañía admitió el escape en una rueda de prensa, pero entonces pasó desapercibido por la importancia de la operación y, sobre todo, porque las fugas no se consideraban una amenaza en comparación con la situación anterior. Ese mismo día, además, se anunciaba una noticia de mayor alcance: en el pecio quedaban muchas menos toneladas de las que se pensaban: unas 15.000. En realidad, el Prestige siempre tuvo fugas, por el simple hecho de que la situación de algunas de ellas hacía imposible su neutralización, según reconocen los técnicos. «Nos encontramos con zonas de difícil acceso, con estructuras muy deterioradas que imposibilitaban el sellado», confiesan. Las manchas que detectó el Oceanográfico, por tanto, siempre fueron visibles cuando, con su escasa entidad, la calma del océano lo permitía. En cualquier caso, las fugas actuales pudieron haberse agravado desde agosto del 2003, fecha desde la que el petrolero hundido habría derramado unas 16 toneladas de fuel. En cualquier caso, el Gobierno conocía perfectamente la situación, por lo que sorprende aún más su política informativa con las manchas del lugar del hundimiento, reconocidas oficialmente hace un mes. Por un lado, era esperable que los científicos encontraran irisaciones y, por otro, el Ejecutivo no hizo públicos los primeros análisis que demostraban la procedencia del fuel y que tuvo en su poder a finales de julio. El último quiebro mediático de la inspección submarina también sorprende, pues sólo servirá para revisar unas fugas que son unas viejas conocidas.