Fadesa cambia de propietario y de nuevo, como en el caso de Fenosa, será Madrid y no Galicia el centro de su actividad. Aunque no es lo mismo, porque la eléctrica explota recursos naturales de esta tierra y condiciona su paisaje y la inmobiliaria actúa en un mercado más libre, surge otra vez la sensación de pérdida y el cálculo de que se aleja una fuente importante de empleo. Así es la lógica de las empresas, que tienden a la globalización, a concentrarse, a veces opuesta a los sentimientos populares y a la lógica política, que tiende, al menos en España, a la descentralización. El ideal de conseguir que Galicia progrese y abandone el atraso parece chocar con noticias como esta. Desearíamos contar con más empresarios benefactores de su tierra, esos próceres que merecen estatua en nuestros pueblos y ciudades, como los célebres García Naveira de Betanzos. Ya no son tiempos de filántropos, porque el ritmo de los negocios se ha acelerado y su ámbito se ha expandido hasta todo el globo y, aun así, nada dice que Manuel Jove no vaya a emplear los recursos obtenidos con esta operación en nuevas iniciativas empresariales en Galicia: lleva en la solapa, entre otras, la medalla Castelao. Lo que queda a los demás, a las administraciones, a las instituciones, a los movimientos sociales, es contribuir a crear las condiciones para que otras pequeñas empresas como la primitiva inmobiliaria de los Jove puedan crecer y generar empleo. Habrá más deslocalizaciones, porque así lo manda una tendencia de la que la economía gallega no puede descolgarse. ¿Qué hacer entonces? Por el lado de los poderes públicos debe estar claro: más política, más conciencia de proyecto colectivo, más cooperación para dar dimensión a los proyectos propios y evitar la lacra localista, más esfuerzo por mejorar las capacidades de nuestros recursos humanos.