El Gordon ha pasado con la intensidad de decenas de otros temporales en los últimos inviernos en el noroeste. Se cayeron árboles y tejados mal construidos. Hace seis años, el primer temporal de otoño se cobró cuatro muertes; el mediodía que naufragó el Prestige dos mujeres fallecieron en A Coruña arrastradas por una grúa que tiró el viento... Cada invierno hay temporales, y la pregunta que se estarán haciendo desde ayer el medio millón de familias gallegas con hijos en edad escolar es si en el próximo golpe de viento la Xunta también va a curarse en salud, lavarse las manos y suspender las clases en los colegios con doce horas de antelación. ¡Que se apañen los padres! Como la decisión fue de una consellería del PSOE, la rama nacionalista no quiso quedarse atrás. Aplicando la consigna de eu máis, ordenó el cierre también de las guarderías. Ha sido la decisión más fácil. Se podría haber suspendido el transporte escolar o cerrar algún colegio con deficiencias constructivas. Se podría haber permitido flexibilidad en la hora de entrada a los centros e, incluso, se podría invitar a los padres a que ellos decidieran en llevar o no a sus hijos aplicando el sentido común. Pero la gestión fácil fue cerrar con candado y dar vacaciones. La próxima vez, en la Xunta debieran de pensárselo mejor o convocar huelga general para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar en medio millón de hogares.