Reproches de la duquesa a Galicia

La Voz

GALICIA

30 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LA CASA de Alba ha cedido al Estado, a los ayuntamientos y a Paradores todas sus posesiones en Galicia. Así lo aseguró ayer desde su casa de Sevilla la propia Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, decimoctava duquesa de Alba, quien recordó que nunca nadie le ha agradecido esas concesiones hechas a la comunidad. «Nunca me dieron las gracias, de ninguna manera, ni dándome un recuerdo, ni una medalla, nada...», reprochó la duquesa. Y parece que ya no se está a tiempo de enmendar el agravio. «Ya es muy tarde. Ha pasado mucho tiempo», matizó Cayetana. Las palabras de esta grande de España desmienten a su propio hijo, Cayetano Martínez de Irujo, conde de Salvaterra do Miño, quien hace unas semanas comentaba su relación con Galicia al asegurar que tenía «un feudo en Salvaterra». De hecho, el conde no tiene ya nada allí. La última propiedad fue la Quinta Fillaboa, vendida por Agustín de Silva y Bernuy, décimo conde Salvaterra, en la década de 1880. Actualmente, la quinta es propiedad de la familia Masaveu, que explota las bodegas Fillaboa, dentro de la denominación de origen Rías Baixas. Ésta está asociada a Grandes Pagos de España, presidida por Carlos Falcó, marqués de Griñón. Al que le gustaría que Cayetano se dejara ver por Salvaterra es al alcalde de la localidad, Arturo Grandal. «Queríamos traelo á vila xa hai tempo, pero esperamos a dispoñer do edificio actual porque un home do seu caché non pode estar en calquera lugar», dijo el regidor. De todas formas, la cesión de la que habla la duquesa es, en la mayor parte de los casos, una cesión de uso. Ejemplos son el castillo de Castro Caldelas, dedicado ahora a la celebración de actividades socioculturales, o el palacio condal de Monforte, convertido en parador de turismo. Ambos son edificios que tienen un uso público a cambio de que la Administración se encargue de su mantenimiento y previa recuperación. Pero la propiedad continúa en manos de la Casa de Alba. Estas concesiones son una vía para paliar la falta de rentabilidad de estos inmuebles. De hecho, el padre de la duquesa ya trató de vender todas sus fortalezas en Galicia como piedra de escombro. Entre ellas estaban el castillo de Moeche, el de Monforte, el de Monterrey, Narahío, Nogueirosa o Vilalba, espacios que pertenecían a condados como el de Lemos o a casas nobles como la de Andrade. Pese a su amplia huella en Galicia, esta comunidad nunca fue el fuerte de la Casa de Alba, ni económica ni sentimentalmente hablando. «Yo estoy bien en Sevilla, que es donde la gente más me quiere», indicó Cayetana Fitz-James. Su familia concentra la mayor parte de sus posesiones en Andalucía, Madrid y Extremadura. Todas ellas son gestionadas desde la Fundación Casa de Alba, que tiene su sede en el palacio de Liria, en Madrid.