Las llamas son las protagonistas de la noche más mágica del año. Pero en Cambados, una travesura estuvo a punto de causar una desgracia en el puerto
24 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.PELIGRO. Al riesgo que entraña cualquier fuego se sumó en Cambados la cercanía entre las redes quemadas y una gasolinera. EL CORAZÓN NO RESISTIÓ. Un fallo cardíaco podría ser la causa de la muerte de uno de los cerdos asaltados en Caldas. Saltar tres veces la hoguera y echar sal es la receta mágica para que el fuego de la noche de San Xoán limpie cuerpo y alma de todo lo malo. Pero ese mismo fuego al que se invoca sin cesar puede, a veces, volverse contra sus provocadores. En Cambados, la travesura de tres menores a punto estuvo de causar una desgracia. El puerto no se quemó, pero sí unos aparejos de un barco del cerco que, según su propietario, están valorados en unos 10.000 euros. Un precio demasiado alto para una simple gamberrada de chiquillos. Además de la noche de las hogueras, San Xoán es también la noche de las travesuras. Cambiar de sitio portales y macetas es una tradición más que extendida y permitida en muchos lugares de Galicia. Quizás por esa razón, tres menores se encontraban jugando, alrededor de la una y media de la madrugada, en el puerto cambadés de San Tomé. Según la policía, los niños tienen entre 12 y 13 años de edad. Bengalas caducadas Todo empezó -siempre según la versión policial- cuando uno de ellos se introdujo en el interior de uno de los contenedores que hay en el lugar para que los barcos depositen sus residuos. El botín que encontró en el fondo estaba formado, nada más y nada menos, que por once bengalas caducadas. Lo que no sabían los pequeños es que los cartuchos todavía funcionaban. Al manipularlas una de ellas se disparó y fue a impactar contra unos aparejos que había en la zona. La rápida intervención de los agentes policiales, que apagaron el fuego con extintores, evitó que la travesura acabara en desgracia, pues justo al lado de los enseres incendiados se ubica la gasolinera del puerto. La mala suerte quiso que estos aparejos fuesen de los pocos que quedan en el recinto y que todavía se utilizan. Se trata de un conjunto de redes que emplea el barco del cerco. Su propietario, Luis Somoza, se lamentaba de la pérdida. El aparejo era nuevo, y el daño, tan cuantioso que al principio Somoza pensó que el fuego había sido intencionado. Además, no es la primera vez que su barco sufre daños. Ayer aseguraba que, de no disponer de otro aparejo, tendría que mandar al paro a cinco familias.