Vaya, vaya

LOIS BLANCO

GALICIA

MANUEL BRUQUE

TRESCIENTAS mil personas estampadas contra una versión moderna del timo de la estampita. ¡Vaya país! Gente corriente que, por encima, tiene que escuchar a los listillos de patacón que asoman las cabezas para chulearse de que ellos ya lo sabían, de que se veía venir, de que nadie da duros a cuatro pesetas...

13 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

¡Vaya Estado! La octava economía del mundo acuna en su regazo durante años a organizaciones piramidales a las que las familias entregan confiadas sus ahorros. El control sobre las entidades que gestionan bienes tangibles está cedido a los cuatro funcionarios de cada una de las diecisiete direcciones generales de Consumo. En España, las competencias en un agujero de 3.500 millones de euros corresponden a los ¡diecisiete departamentos de Consumo de las autonomías! Unas oficinas especializadas en sancionar a bares por vender donuts caducados. ¡Vaya Hacienda! Los engañados declaraban cada año las ganancias de sus inversiones en sellos, a sabiendas de que si no lo hacían se las reclamaría el fisco con sanción al dorso. Pero han tenido que pasar años para que un inspector fiscal husmee en las cuentas de un grupo empresarial que figuraba entre los cien más importantes del país (Fórum Filatélico), a pesar de que la primera denuncia -según se ha sabido ahora- se formuló tiempo atrás. ¡Vaya Justicia! Ocurrirá lo que con Mario Conde y la lista que cada uno recuerde de espabilados de cuello blanco que entraron en prisión. Aconsejados por los selectos bufetes que sólo pueden pagar los millonarios, los culpables pasarán muchos menos años en la cárcel que los que necesitaron la mayoría de los afectados para reunir sus ahorros. La sentencia firme se hará esperar y se dilatará como el AVE a Madrid. ¡Vaya Gobiernos! Unos tras otros, a veces más a veces menos, blindan lo suyo, se miran al ombligo y demuestran imprevisión manifiesta. Gobiernos de reacción. Cuando se hunde el enésimo petrolero, se legisla sobre seguridad marítima; cuando se dan a la fuga narcotraficantes de la Audiencia Nacional, se cambian las cerraduras; cuando se destapa un tinglado galáctico con sellos, se prometen a futuro normas y controles más rigurosos. Como si gobernar fuese gestionar las crisis, taponarlas con promesas y dinero público, en vez de evitarlas. Vaya, vaya, el estraperlo numismático ha descubierto, como antes Gescartera, la existencia de varios agujeros negros en el sistema. A este ritmo, lo único fiable va a ser retornar al modelo tradicional: meter el dinero bajo del colchón.