Minas de viento

LOIS BLANCO

GALICIA

ALBERTO LÓPEZ

EL primer molinillo se levantó en Galicia en 1995. Sólo han pasado diez años y hay más de cinco mil.

29 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Se expandieron por los montes pelados de la costa y de la montaña a la velocidad del viento. Ahora están, como los eucaliptos, por todas partes. A cambio, el territorio gallego se ha convertido en una potencia en energía eólica, porque el viento aquí siempre ha sido mejor, más fuerte y más constante. En Galicia se genera el 11% de la electricidad que sale de las aspas de los molinos de España. Los parques eólicos gallegos tienen ya la misma capacidad de potencia que las térmicas de As Pontes, Sabón y Meirama juntas. A pesar de ser un símbolo inequívoco de modernidad y futuro, los gallegos los miramos mal. Y no es sólo por su evidente impacto visual, sino porque existe la percepción colectiva de que nos han timado, como con la energía hidroeléctrica. Han hecho negocio con los recursos naturales un grupo reducido de privilegiados y empresas casi siempre foráneas. Los propietarios de los montes, acostumbrados a que sus colinas peladas no dieran jamás un patacón, aceptaron alquilar los terrenos para los molinos por las primeras pesetas que les ofrecieron. Cantidades pequeñas que no suponen una reversión justa de los beneficios de la generación eléctrica a los propietarios de suelos con minas de viento, que eso es lo que son algunas sierras gallegas. La semana acabó con una arremetida contra Montilla por los molinos de viento. Se trata de la vieja historia del ataque externo. Como el ministro catalán pretende cortarle las aspas al potencial eólico gallego, se olvidan las diferencias políticas para repeler la agresión. Nadie querrá cargar con el sambenito de traidor a la causa. Ni siquiera Touriño, que el jueves tuvo que disculpar a Zapatero por habernos prometido el triple de lo que ahora ofrece su ministro. El Gobierno pretende rebajar a la mitad la capacidad de Galicia de generar energía eólica, reduciéndola de los 6.500 megavatios para el 2010 a tres mil y pico. El recorte afecta al conjunto del plan estatal, pero supone un ataque que unos señores en un despacho pretendan exterminar el liderazgo de Galicia en una fuente de energía alternativa al petróleo, sobre todo cuando las calidades de los vientos no son iguales entre territorios. ¿Por qué el plan Montilla prevé para casi todas las comunidades unos incrementos porcentuales de potencia mayores que para Galicia? Claro que sólo serviría de algo combatir los propósitos reduccionistas del Ministerio de Industria y alcanzar los 6.400 megavatios si esta Xunta hace lo que no hizo la otra. Si pone en marcha mecanismos más equitativos de reparto de los beneficios entre las empresas y los propietarios de estas tierras venteadas. Que no nos vayan a tangar con los molinos otra vez, por favor.