Una vía de agua de origen desconocido pudo haber sido la causa del naufragio Los marineros fueron recogidos por otro arrastrero con el que pescaban lirio
11 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Hace apenas tres semanas se hundía frente a Ortegal un remolcador de Pasajes con nueve hombres a bordo. Y ayer fue un pesquero el que hizo saltar nuevamente todas las alarmas al protagonizar un suceso muy similar frente a Cedeira. El Candray , un buque arrastrero con base en el puerto de Celeiro, se fue a pique pasadas las cinco de la tarde, supuestamente a causa de una vía de agua, en medio de un mar casi en calma y mecido por un viento que no llegaba a fuerza tres. Los ocho marineros que conformaban la tripulación, todos ellos gallegos, fueron rescatados sanos y salvos por el también arrastrero Riazor , buque con el que formaban trío para la pesca de lirio el Candray y otro barco más, el Rafael. De hecho, según comentó uno de los armadores del buque siniestrado, los marineros acababan de recoger el aparejo y depositar las capturas a bordo cuando tuvo lugar el percance, de ahí la rapidez con la que fueron rescatados por la tripulación del Riazor , que se encontraba en las inmediaciones. La alerta de que se hundía llegó por dos vías: el mensaje de socorro que emitió el patrón del buque por radio y la alerta que se lanzó al activarse la radiobaliza del pesquero. Inspección Nada más recibir la alarma, Salvamento Marítimo movilizó al helicóptero Helimer, que se desplazó hasta la zona del siniestro, a unas 25 millas al noroeste de Cedeira, aunque la aeronave no intervino más que para comprobar si había escapes de aceite o combustible en la zona en la que se había hundido el arrastrero. Y es que cuando el Helimer llegó a la zona, ya el Riazor había recogido a los ocho tripulantes del Candray , que al comprobar que el buque se iba a pique lanzaron las balsas salvavidas y esperaron a bordo de ellas la llegada de sus rescatadores. Al cierre de esta edición, los ocho náufragos estaban a punto de arribar al puerto de Celeiro, donde los esperaban tanto el propietario del Riazor , Lorenzo Santos, como uno de los tres armadores del arrastrero hundido, Lisardo Alonso. Éste sólo pudo confirmar que «estaban todos ben, aínda que o susto non llo quita ninguén do corpo», y que «non houbo máis danos que o barco, que está no fondo». Desconocimiento El socio del Candray no pudo, sin embargo, dar más detalles del naufragio, puesto que, según comentó, apenas había podido hablar con su gente: «Aínda non sei nada do que puido pasar porque falei moi pouco co patrón, e o pouco que falei, foi por móbil e se entrecortába a comunicación, polo que quedamos de falar en canto chegaran todos ao porto», dijo Alonso. El Candray es un barco construido en acero, de 23 metros de eslora y 132 toneladas de registro bruto (TRB), autorizado para faenar con arrastre de fondo en el caladero del Cantábrico y Noroeste. La embarcación cumplió el mes pasado su vigesimoquinto año en funcionamiento y, según confirmó el propio armador, ya estaba preparando los papeles para solicitar su inclusión en la lista de paralización definitiva de buques. El año pasado ya había sido propuesto para el desguace, pero la Consellería de Pesca le denegó la ayuda.