Un programa de prevención de la obesidad entre el personal de San Caetano destapa un gran número de casos de sobrepeso e incluso de obesidad mórbida.
06 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Ser funcionario tiene muchas ventajas, pero también inconvenientes. Uno de ellos es que trabajar para la Administración engorda. Eso, al menos, es lo que se desprende de las pruebas realizadas estos días entre el personal de los servicios centrales de la Xunta, en Santiago. Lo que en principio no era más que un programa puesto en marcha por la Consellería de Presidencia para prevenir la obesidad entre los funcionarios ha servido para descubrir el alto índice de empleados pasados de kilos. Pruebas voluntarias A lo largo de las últimas dos semanas, alrededor de 160 personas han desfilado por los servicios de salud de San Caetano para determinar su peso, su índice de masa corporal y la eventual necesidad de una dieta hipocalórica. Para sorpresa de los facultativos, dos tercios de las funcionarios que se presentaron voluntariamente a la pruebas presentan distintos grados de sobrepeso, y entre veinte y treinta padecen obesidad mórbida. Ante estos datos, lo fácil sería recurrir a los tópicos y culpar al pincho de tortilla de media mañana o a la falta de actividad. Pero la realidad es algo más compleja. Luisa, la enfermera encargada de realizar los controles, recuerda que «el horario de los funcionarios es muy malo desde el punto de vista dietético, porque entran a trabajar muy temprano sin apenas haber desayunado, y a mediodía salen tarde y no tienen tiempo para preparar la comida». El resultado es que buena parte de la plantilla de los funcionarios almuerza en la cafetería de la Xunta, aunque muchos se quejan del exceso de fritos en el menú y de la ausencia de alternativas saludables. Por lo demás, lo cierto es que los funcionarios tampoco ponen mucho de su parte: «Ninguno de los que han pasado por la consulta hace las cinco comidas recomendadas, sino sólo tres y demasiado copiosas, sobre todo la cena; además, no aprovechan el tiempo libre que les queda por la tarde para hacer ejercicio, así que su actividad física es nula», explica Luisa. Las excusas son muchas y variadas: cansancio, falta de tiempo, la familia, los niños... Así, después de pasar ocho horas en la oficina, los funcionarios sustituyen el ordenador por la televisión y el sofá de su casa, con la consiguiente acumulación de michelines . Al menos, según reconoce el personal médico de San Caetano, son buenos pacientes y admiten que su estilo de vida no es sano.