Vacas sin leche

LOIS BLANCO

GALICIA

XOÁN A. SOLER

CUATRO jóvenes que se asociaron y montaron una granja en A Pastoriza (Lugo) me contaron una vez el secreto de sus vacas milagro.

01 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando las heredaron de las cuadras de sus padres, de las ubres de cada vaca salían 26 litros al día. En su Sociedad Agrícola de Transformación (SAT), las mismas ubres producen de media 33,5 litros. Se endeudaron, innovaron y aprendieron que una vaca en una cuadra tipo de las miles que todavía persisten a las puertas de las casas en las aldeas se estresa y da menos leche. Con confort, alimentación completa y tecnología, la vaca genera riqueza; como si tuviese un par de tetos nuevos. Además de la Galicia urbana y la rural, existe un rural innovador liderado por nuevas generaciones y otro que se ha quedado en el pasado, la pañoleta y la cuadra a la puerta de la vivienda. Aquí conviven granjas que investigan y paisanos que todavía sacan a pastar sus vacas por las cunetas. Somos así. La mitad de las diecisiete mil granjas gallegas no cumplen ni por asomo los parámetros de rentabilidad. Su producción de leche es casi tres veces inferior a la media de una explotación lechera del resto de España. Tenemos muchas, pero del tamaño que le corresponde a esta economía agraria de subsistencia que nos ha caracterizado. Los ganaderos que quieren competir y que para hacerlo han endeudado tantas veces lo que no tienen van a ser envueltos en papel de celofán por la ministra gallega Elena Espinosa. Para mejorar su rentabilidad y pagar los créditos del coste de la innovación necesitan producir más. Pero no pueden hacerlo, si antes no compran más cuota. De lo contrario, viene la UE y los multa. Aunque se arriesgaran a adquirir más derechos de producción, a partir de ahora ni tendrán dónde hacerlo. El Ministerio de Agricultura presentó esta semana el borrador de una norma que circunscribirá el mercado de la compra y venta de cuota lechera al territorio de cada comunidad. Sólo el 20% de la tasa láctea que se recupere por el cierre de explotaciones irá para la reserva estatal, cuyo mercado sí es abierto a todas las comunidades. Ya es paradójico que quien necesite producir más para ser rentable tenga que comprar y pagar por el derecho para hacerlo. Pero sería funesto para el sector que un ganadero gallego no tenga siquiera el derecho a pujar por la cuota de otro, por el simple hecho de que su granja no está en Galicia. Con este embolado tendrá que torear el conselleiro que menos viste con traje de luces, quizá porque las tiene. Para defender los intereses de los ganaderos gallegos, el nacionalista Suárez Canal deberá reclamarle a Elena Espinosa lo contrario a su ideario militante: más liberalismo, más Estado y menos nacionalismos.