Qué barato resultaba prometer

La Voz

GALICIA

VISCERAL a veces, dogmático otras, a Paco Rodríguez, el señor en la sombra del Bloque, no se le puede negar compromiso entregado con Galicia. Y ayer Paco dio un toque de atención. Vino a decir que mientras nos ponemos medallas con la transferencia del Instituto Social de la Marina (un organismo de limitada entidad) estamos perdiendo las batalla clave, la del ferrocarril. Por desgracia para Galicia, todo indica que tiene razón: el tren llegará tarde y, a lo peor, también mal. El 24 de enero del 2003 hubo Consejo de Ministros en A Coruña. La mala conciencia por la vergüenza del Prestige llevó al Gobierno de Aznar a prometer un programa de choque de inversiones para situar a Galicia en la vanguardia del siglo XXI. Eran 12.459 millones (algo más de dos billones de pesetas, diez veces más de lo que había gastado el Estado en la olimpiada del 92). Y el programa prometía: AVE a Madrid y a Francia, Transcantábrica en fecha, autovías interiores, paradores de turismo en Muxía, O Salnés y Ribadeo, parques industriales y la garantía de negociar con Bruselas que Astano volviese a construir petroleros. Hoy, con Zapatero, Fomento ha aumentado un 30% su inversión en Galicia, un esfuerzo que se agradece. Pero el Plan hace agua y está desapareciendo del léxico de nuestros políticos. Un error, pues fueron promesas en firme del Estado, firmadas en papel oficial. Así lo entendió en su día el Parlamento gallego: los tres grupos suscribieron una declaración solemne en defensa del Plan Galicia y hubo una comisión de seguimiento. El plan fue prometido por medio mundo. «El Gobierno va a cumplir el Plan Galicia y lo va a dotar de contenidos más concretos» (De la Vega, junio del 2004). «El Plan Galicia sigue su curso, impulsado por el Gobierno» (Magdalena Álvarez, julio del 2004). «Eu son a garantía de que se vai cumprir o Plan Galicia» (Touriño, abril del 2004). Debe cumplirse, porque, tras lo dicho y lo firmado, ignorarlo es una felonía para con el futuro de Galicia.