ESTE es un país de máximos y mínimos, aficionado al movimiento pendular: en un cuarto de siglo hemos pasado del sargento que insultaba a los reclutas al grito de «¡nenas!» a ser el Estado de la UE con más mujeres en su ejército. Una «nena» de 30 años puede mandar hoy sobre algún suboficial de aquéllos, que habrá tenido que reciclarse convenientemente. Para el 2025 contaremos con alguna generala y mucho antes la diligente Academia de la Lengua eliminará de su diccionario esa sargenta que define como «mujer corpulenta, hombruna y de dura condición». En los ejércitos de hoy ya no es necesario echar espuma por la boca ni andar ciegos de testosterona como en tiempos de Olafo el Vikingo. El diferente enfoque femenino nos ha de ser muy útil para la nueva era de los equilibrios inestables.